Venezuela explicó crisis económica

Venezuela, el país con las mayores reservas probadas de petróleo en el planeta, atraviesa por una severa crisis económica que se expresa en escasez e hiperinflación, un indicador que el Fondo ... Another policy that is alleged to have contributed to the economic crisis is Venezuela’s foreign policy, which antagonised the United States. Jorge Castañeda (2008: 238–239) has argued that Venezuela paid a heavy price for Chávez’s anti-Americanism in that it jeopardised his nation’s oil exports to its principal market, a claim that ... 'Venezuela viene atravesando por ciclos de contracción económica antes de las sanciones. Las sanciones empezaron en 2017, y Venezuela viene arrastrando caída del PIB desde 2013', explicó. Caracas, 21 de abril de 2018/-. La crisis económica que azota a Venezuela a raíz de la caída de la producción de petróleo es “una de las mayores” que registra la economía mundial en el último medio siglo, advirtió un alto funcionario del Fondo Monetario Internacional (FMI), según la agencia de noticias AFP. Crisis en Venezuela: por qué la incertidumbre sobre el futuro de Nicolás Maduro interesa tanto en países como Rusia, India, Turquía y Zimbabue 21 febrero 2019 El Vicepresidente del área económica Tareck El Aissami explicó las medidas económicas tomadas ante crisis por Covid-19 A este reporte de casos nacionales, explicó luego la funcionaria, debe sumarse el de contagios 'importados' -como llama Venezuela a los connacionales que retornan producto de la crisis económica causada por la pandemia-, que este miércoles ascendió a 46. La administración de Nicolás Maduro anunció a través de las redes sociales que aquellos venezolanos que posean el carnet de la patria, se les deposita desde el miércoles 5 de agosto dos bonos: Uno denominado «Bono contra la Guerra Económica» y el otro es el «Bono José Gregorio Hernández».. El primero de ellos es para todos los pensionados y se estará otorgando hasta el sábado 8 ... El rescate territorial, del Estado de derecho y de la Institucionalidad son las bases fundamentales para que una economía puede funcionar. Así lo aseguró la economista Sary Levy-Carciente, directora del Observatorio del Gasto público del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico, Cedice. Para ella, sacar a Venezuela de la crisis económica amerita la reactivación de la ... on: septiembre 12, 2019 Etiquetas: Crisis Venezuela, europa, Venezuela crisis económica, Venezuela en crisis La llegada masiva de venezolanos a Colombia pone en riesgo su estabilidad política y territorial, por lo que necesita más ayuda internacional, especialmente de Europa, reclamó el asesor presidencial de Frontera con Venezuela de la ...

BCV autoriza uso del dólar para calcular créditos comerciales y sus intereses

2019.10.25 01:42 ElSalchipapa BCV autoriza uso del dólar para calcular créditos comerciales y sus intereses

El Banco Central de Venezuela (BCV) publicó el pasado miércoles una resolución que vincula la variación del mercado cambiario con los créditos comerciales y sus respectivos intereses, un aspecto que era calculado hasta ahora solo con la moneda local, el bolívar.
La nueva norma establece que los créditos comerciales en bolívares que otorguen los bancos serán “expresados” bajo la Unidad de Valor de Crédito Comercial (UVCC), un número que estará atado a la cotización diaria del tipo de cambio que publica el ente emisor.
La medida llega a un país con una severa crisis económica y en donde un número importante de transacciones se realizan en dólares, aunque desde el año 2003 rige un control para la compra y venta de divisas que se ha flexibilizado en los últimos meses.
En lo que va de año, la banca ha presentado una importante contracción crediticia debido al incremento, en algunos casos del 100 %, del llamado “encaje legal”, el porcentaje de los depósitos que los bancos deben inmovilizar.
El analista financiero Francisco Faraco explicó a Efe que si la intención del régimen, que controla al BCV, es estimular los financiamientos la solución “es bajar el encaje legal” pues la economía “no puede funcionar sin créditos”.
Según las cifras del emisor, durante el primer trimestre de 2019 el sector de las instituciones financieras y seguros, que se contrajo en un 55,6 %, fue una de las actividades más afectadas por la caída del producto interno bruto del país suramericano que acumulo el 26,8 % hasta marzo.
Tras las sanciones financieras que Estados Unidos impuso en 2017 contra algunos funcionarios del régimen de Nicolás Maduro, Venezuela dejó de usar el dólar como divisa de referencia y comenzó a ofrecer el precio de su petróleo en la moneda de China, uno de sus mayores aliados políticos y comerciales.
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2019.04.03 04:29 juanjoseflores 113 millones al borde de la muerte por hambre en 2018

(Fuente: Noticias ONU).- Las cifras del Informe mundial sobre las crisis alimentarias 2019 son escandalosas. El documento presentado conjuntamente por la Unión Europea, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y el Programa Mundial de Alimentos resulta incluso surrealista.
Concluye que “alrededor de 113 millones de personas en 53 países experimentaron inseguridad alimentaria aguda en 2018”. Para tener una dimensión de la cifra, hay que tener en cuenta que la Argentina tiene una población de 44,5 millones de habitantes.

Riesgo de vida por hambre

Técnicamente, el término “inseguridad alimentaria aguda” se produce cuando “la incapacidad de una persona para consumir alimentos adecuados pone en peligro inmediato su vida o sus medios de subsistencia. Se basa en medidas internacionalmente aceptadas de hambre extrema, como la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases y el Cadre Harmonisé.
Aunque la cifra de 113 millones es ligeramente inferior a los 124 millones que se registraron en 2017, se trata del tercer año consecutivo que esta categoría máxima de la crisis alimentaria se sitúa por encima de los cien millones de personas y los altos niveles de desnutrición aguda en los niños que viven en situaciones de emergencia “continúa siendo de grave preocupación”, señala el informe.
Además, otros 142 millones en todo el mundo están en la antesala de igual destino. En total, 821 millones de personas sufrían hambre de forma crónica en 2018.
El ligero descenso registrado en 2018 se vincula al cambio en el clima, ya que pese a que un número alto de países no experimentó la intensidad de los fenómenos meteorológicos relacionados con El Niño que se registraron en 2017, 29 millones de personas padecieron el hambre aguda debido a las condiciones climáticas adversas.

Ocho países, los más afectados

No obstante, las guerras son la principal causa del hambre extrema.
Dos tercios de las personas que padecen hambre aguda viven en 21 países donde se desarrolla un conflicto armado, aunque casi la mayoría se concentran en sólo ocho naciones: Afganistán, Etiopía, Nigeria, República Democrática del Congo, Sudán del Sur, Sudán, Siria y Yemen. En otros 17 países, el hambre aguda se mantuvo igual o aumentó.
Por regiones, la más afectada es África, ya que más de la mitad de las personas que padecen hambre aguda se encuentran en 33 países africanos.
A los conflictos, los desastres naturales y el cambio climático se añade la situación económica como una de las principales causas del hambre aguda. Las crisis económicas condujeron a esta situación a 10,2 millones de personas, principalmente en Burundi, Sudán del Sur y Zimbabwe.

Hambre en centroamérica y Venezuela

Solo un cuatro por ciento de las personas que sufren hambre aguda, unos 4,2 millones, se encuentra en América Latina. Sin embargo, el informe advierte que la región tiene un alto número de personas, 5,6 millones, en siete países, que han entrado en la fase dos de la inseguridad alimentaria, en la que los hogares tienen un consumo mínimo adecuado de comida, pero no pueden asumir otros gastos sin poner su alimentación en peligro.
“Estas poblaciones requieren apoyo para reducir los riesgos de desastres y proteger sus medios de vida, y para evitar que sigan deslizándose hacia niveles más severos de inseguridad alimentaria aguda cuando se produzcan crisis debidas al clima o la economía”, destaca el reporte.
De los 4,2 millones cuya vida está peligro, más de la mitad están en Haití y 1,6 millones en el llamado corredor seco de América Central, integrado por El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua. El resto son 400.000 migrantes y refugiados venezolanos repartidos por América del Sur.
El informe no incluye cifras de Venezuela porque no hay datos oficiales recientes, pero sí señala que se espera que en 2019 el número los que abandonan el país siga aumentando si persiste la crisis política y económica.
También se espera que el fenómeno “El Niño” impacte en la agricultura y el precio de los alimentos en Latinoamérica y el Caribe.

Hambre, un reto global

Las conclusiones del informe suponen un llamamiento enérgico a reforzar la cooperación para vincular la prevención, la preparación y la respuesta para abordar las necesidades humanitarias urgentes y las causas profundas del hambre, entre las que se incluyen el cambio climático, crisis económicas, conflictos y desplazamientos de población.
Como dijo el comisario europeo de Cooperación Internacional y Desarrollo, Neven Mimica, al presentar el informe, “la inseguridad alimentaria sigue siendo un reto global” y “subraya la necesidad de fortalecer la cooperación” entre el personal dedicado a la ayuda humanitaria, quienes se dedican al desarrollo sostenible y los que trabajan en favor de la paz “para revertir y prevenir las crisis alimentarias”.
Ese es el motivo, explicó, por el que la Unión Europea habrá destinado, entre 2014 y 2020, cerca de 9000 millones de euros a iniciativas sobre seguridad alimentaria y nutricional y agricultura sostenible en más de 60 países.
“Y algo que necesitamos que hagan también los dirigentes mundiales es que estén a la altura de las circunstancias y ayudar a resolver estos conflictos, ahora mismo”, añadió el director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos, David Beasley.
El director general de la Organización para la Alimentación y la Agricultura, José Graziano Da Silva, coincidió en que “se debe actuar a gran escala, vinculando el desarrollo humanitario y la paz para aumentar la resiliencia de las poblaciones vulnerables afectadas. Para salvar vidas, tenemos también que salvaguardar los medios de subsistencia”.
Texto original: https://news.un.org/es/story/2019/04/1453791
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2018.08.30 19:26 justablondeguy Javier Milei y José Luis Espert, en el centro de un evento libertario para recordar a Juan Bautista Alberdi

Javier Milei y José Luis Espert, en el centro de un evento libertario para recordar a Juan Bautista Alberdi
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El submundo económico de Twitter cuenta con varios personajes que se destacan. De tanto en tanto algunos de ellos participan de reuniones públicas. Cuando eso sucede, la concurrencia sorprende tanto por su cantidad como por su diversidad. El ala más libertaria de ese micro universo está convencida de que se viene una oleada de cambio en las generaciones futuras, que ven con mejores ojos las ideas de libre mercado y el capitalismo. Puede que tengan razón.
Varios analistas y economistas que sin miedo se reconocen como libertarios aprovecharon la celebración del aniversario de nacimiento de Juan Bautista Alberdi para proclamar los logros del capitalismo frente al "progresismo de izquierda", como algunos definieron.
Con la presencia de Alberto Benegas Lynch, Javier Milei, Pablo Torrres Barthe, José Luis Espert, Eduardo Marty y Gustavo Lázzari; el evento que tuvo sede en la Universidad de Belgrano, donde la convocatoria del grupo, en el que se destacó la popularidad de Javier Milei y de José Luis Espert, fue tal que el auditorio principal se llenó y la organización tuvo que ofrecer una proyección paralela de los discursos en otra sala.
La llegada de Espert, y luego de la de Milei, fueron las más aplaudidas y sus salidas al fin del evento estuvieron infestadas por pedidos de gente de todas las edades: querían fotos y autógrafos.
Benegas Lynch, presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias, dio el puntapié inicial al destacar el rol de Alberdi como "autor intelectual de la Constitución de 1853 y alguien que institucionalmente siempre pedía subir la vara". A su vez, refiriéndose a la coyuntura actual, el miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas bromeó: "Lo que se ha hecho estos meses en Argentina se parece a una película de Woody Allen".
Al darle la palabra a Milei, el economista viral no defraudó. Soltó frases maradonianas (LTA) para referirse a economistas como "Piketty, Stiglitz y Krugman", destacó que "los bonachones del izquierdismo" en realidad pierden contra el capitalismo tanto en generación de riqueza como crecimiento económico. Milei comparó la distribución del ingreso con el caso de un ladrón que luego de cometer un robo reparte el botín entre los pasajeros de un colectivo.
Uno de los que le siguió a Milei fue Lazzari, que apuntó a la creciente masa de impuestos como un lastre sobre la economía, y recordó "En su época, Alberdi listó 43 impuestos en todo el país, hoy en día tenemos 100". Para el empresario, "esa es la única política de Estado que parece sobrevivir en el tiempo, más impuestos".
Otro de los puntos fuertes de la noche fueron unas imágenes de la politóloga guatemalteca Gloria Alvarez, que se hizo conocida por sus videos virales en contra del populismo en la región latinoamericana. Álvarez destacó que la lucha de "limitar al gobierno frente a los derechos individuales" es un problema que existe no solo en los escritos de Alberdi, en referencia a la Argentina de principios del siglo XIX, sino en toda América Latina hasta el día de hoy, recordando el caso de Venezuela como un ejemplo de las consecuencias desastrosas de políticas populistas.
El cierre estuvo a cargo de Espert, que resumió su mensaje con la frase: "El comercio es prosperidad". Y prosiguió a definir los principales "venenos" que debilitan a la economía argentina desde hace años como "el proteccionismo industrial, nuestro amor por un Estado imposible de sostener y luego las leyes laborales que hacen imposible generar actividad privada".
En particular, consignó Espert, el enamoramiento por un Estado del tamaño como tiene Argentina "no solo nos saca la mitad de nuestros sueldos de todo un año para financiarse, sino que además con el déficit que genera, cada tanto causa alguna crisis".
El economista agregó: "Para muchos del izquierdismo, de la clase política y de los sindicalistas de la justicia social que tenemos en el país, el libre comercio con el mundo es una amenaza, pero en definitiva es una forma confirmada de generar riqueza". "No hay experiencias de países que vivan en la miseria abriéndose al comercio cuando dicha apertura es bien administrada", explicó Espert.
El economista también advirtió que "la gente está empezando a darse cuenta" de que las ideas capitalistas pueden llevar a la Argentina por el sendero de crecimiento económico sostenido que viene buscando desde las últimas décadas.
Al cierre del evento, tanto él como Milei fueron abordados por varios jóvenes, con pedidos de fotos, autógrafos, hasta videos al grito de "que viva la libertad", mientras afuera se repartían panfletos con la consigna del Partido Libertario.
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2016.06.06 14:53 ShaunaDorothy Venezuela: Imperialismo estadounidense alimenta protestas derechistas ¡Romper con el chavismo!¡Por un partido obrero revolucionario! (Junio de 2014)

https://archive.is/uMixl
Espartaco No. 41 Junio de 2014
Por casi ocho semanas, estudiantes y manifestantes de clase media han estado levantando barricadas en los vecindarios acomodados de Caracas y otras ciudades venezolanas exigiendo la salida del presidente Nicolás Maduro. Si bien desprecian a las masas oprimidas del país y desvarían sobre una supuesta infiltración cubana en el gobierno, los manifestantes también han intentado aprovecharse de quejas populares muy reales, como la escasez de bienes —por ejemplo, el aceite para cocinar, la harina y el papel de baño—, la inflación ascendente y las altas tasas de criminalidad. El gobierno ha convocado a la Guardia Nacional contra las protestas, pero de acuerdo a varios informes, los propios manifestantes son responsables de muchas de las casi 40 muertes. También hay rumores acerca de un intento de golpe de estado, lo que el 24 de marzo llevó al arresto de tres generales de la fuerza aérea.
Los imperialistas estadounidenses, que respaldan a la oposición derechista, así como sus voceros en los medios, han hecho un gran escándalo en torno a la represión gubernamental en Venezuela. El 4 de marzo, la Cámara de Representantes estadounidense pasó una resolución condenando al gobierno de Maduro por 393 votos contra uno. El mes pasado, el secretario de estado John Kerry amenazó con sanciones contra Venezuela y denunció a Maduro por llevar a cabo “una campaña de terror contra su propio pueblo”. (En realidad, el secretario de estado estadounidense es el verdadero experto en dirigir “campañas de terror” contra poblaciones civiles.) Los congresistas gusanos de Florida ya están salivando ante la posibilidad de derrocar a Maduro y detener los 100 mil barriles de petróleo que Venezuela envía a Cuba diariamente, en parte a cambio de los servicios de 30 mil médicos y demás personal cubano.
Entre las figuras dirigentes de la protesta se cuentan los políticos de la oposición neoliberal María Corina Machado, a quien hace poco se le retiró la inmunidad parlamentaria, y el ahora preso Leopoldo López. Machado, congresista por un distrito pudiente, a quien se le conoce como “la dama de hierro venezolana” por sus ideas conservadoras, recibió en 2005 un homenaje de George W. Bush en la Casa Blanca por sus intentos de minar el régimen del predecesor de Maduro, Hugo Chávez. El grupo que ella ayudó a fundar, Súmate, ha recibido dinero del National Endowment for Democracy (Fundación Nacional para la Democracia, NED), un bien conocido frente de la CIA. López, un egresado de la escuela Kennedy de gobierno de la Universidad de Harvard, tiene la bendición del Inter-American Dialogue, un comité de asesores financiado por ExxonMobil, Chevron y la estadounidense Agencia para el Desarrollo Internacional (AID, por sus siglas en inglés), que también es un conducto de la CIA. Miembro de la oligarquía venezolana, es un descendiente adinerado del nacionalista latinoamericano del siglo XIX, Simón Bolívar.
Desde que Chávez fue electo por primera vez en 1998, los imperialistas estadounidenses han buscado colocar en Caracas a alguien más de su gusto. Cientos de millones de dólares en fondos estadounidenses han financiado intentos de minar al gobierno venezolano mediante los programas “humanitarios” de la estadounidense AID y las becas del NED para capacitar activistas políticos y darles “asistencia democrática”. Derrocar al régimen fue la meta del fallido golpe de estado que Estados Unidos respaldó en abril de 2002, de los lockouts capitalistas diseñados para dañar la industria petrolera en el invierno de 2002-03 y de la campaña por deponer a Chávez en 2004. Después de que Maduro fuera electo por un estrecho margen en abril de 2013, los agentes locales de Washington alegaron fraude e intentaron anular los resultados a favor de su candidato.
Varios capitalistas venezolanos hacen sus fortunas como prestanombres de intereses imperialistas. Uno de ellos es Gustavo Cisneros. La familia Cisneros amasó una inmensa fortuna con la distribución de Pepsi en Venezuela, pasando luego a los medios de comunicación y otras industrias. Por haber apoyado el golpe fallido contra Chávez en 2002, la de Cisneros y otras tres estaciones de televisión se ganaron el apodo de “los cuatro jinetes del apocalipsis”.
En la profundamente polarizada sociedad venezolana, los pobres y los trabajadores en su gran mayoría siguen atados al chavismo, el populismo nacionalista de izquierda asociado con el caudillo Chávez y adoptado por Maduro, quien cobró prominencia a la sombra de Chávez. Éste consolidó su apoyo popular denunciando las intervenciones militares del imperialismo estadounidense en el mundo y rechazando sus políticas en América Latina. Usó la riqueza generada por la venta del petróleo para financiar programas sociales, como el subsidio a los alimentos y la mejora de las pensiones y la atención médica (esta última con ayuda de Cuba).
En los primeros doce años de gobierno de Chávez el consumo calórico de la población aumento 50 por ciento y la tasa de pobreza cayó de más del 50 por ciento a menos del 30. También hizo más difíciles los despidos, hizo obligatorias las pensiones a los trabajadores domésticos y alzó continuamente el salario mínimo. A diferencia de la élite tradicional que presume sus raíces europeas mientras exuda desprecio por los pobres, Chávez se jactaba de su herencia como zambo (mezcla de africano e indígena). Cuando Maduro —el vicepresidente de Chávez y su sucesor designado— fue electo presidente por escaso margen tras la muerte de Chávez hace un año, prometió continuar la “Revolución Bolivariana” que éste inició en 1999.
Pese a estar en la mira del imperialismo estadounidense y ser odiado por la capa de la burguesía venezolana más estrechamente asociada a éste, el gobierno que encabeza Maduro, como el de Chávez antes que él, es un gobierno capitalista. El propio Chávez enfatizó repetidamente que su régimen no representaba un riesgo para la propiedad privada. Aunque los marxistas apoyamos que se establezcan programas de bienestar social para los pobres y defendemos [contra los imperialistas] las nacionalizaciones en los países dependientes, estas medidas no alteran de ninguna forma el carácter capitalista de la sociedad, sin importar la cantidad de envoltura “socialista” que se le ponga.
De hecho, el populismo nacionalista chavista ayuda a desviar la lucha social y ata ideológicamente a las masas empobrecidas y a la clase obrera al dominio capitalista. [En ocasiones,] las nacionalizaciones de tierras y compañías privadas —llevadas a cabo en gran medida mediante compras del gobierno— representan un medio por el que los países bajo dominación imperialista pueden alcanzar un grado de independencia económica. Pero lejos de colocar la riqueza productiva de la sociedad en manos de los trabajadores, estas nacionalizaciones le han ayudado a los compinches de Chávez en la llamada boliburguesía (burguesía bolivariana) a llenar sus bolsillos.
La política de Estados Unidos en América Latina ha dejado un sangriento rastro de siglos de intervenciones, dictadores impuestos por el gobierno estadounidense y escuadrones de la muerte. Está en el interés de los trabajadores, tanto de Estados Unidos como de Venezuela, oponerse a todo golpe respaldado por Estados Unidos así como a toda otra forma de intervención imperialista en el país. Al mismo tiempo, apoyar políticamente al chavismo y al régimen de Maduro sólo subordina a la clase obrera venezolana a sus explotadores capitalistas. Por eso, durante el referéndum de 2004 para revocar a Chávez, nosotros argumentamos por la abstención en lugar del no. Como escribimos en “U.S. Imperialism´s Referendum Ploy Fails—Populist Capitalist Ruler Chávez Prevails” (La maniobra del referéndum del imperialismo estadounidense fracasa: El gobernante capitalista populista Chávez triunfa, WV No. 831, 3 de septiembre de 2004):
“La perspectiva inmediata que se plantea con urgencia es no sólo oponerse a las incursiones del imperialismo estadounidense a Venezuela y demás países, sino luchar por romper el apoyo del movimiento obrero tanto a Chávez como a la oposición, y el forjar un partido obrero revolucionario e internacionalista que dirija a la clase obrera al poder. Eso requiere una lucha intransigente contra el nacionalismo en Venezuela, que oscurece las divisiones de clase en el país. Sólo una lucha victoriosa por el poder de la clase obrera, es decir, por la revolución socialista a lo largo de las Américas, puede otorgarle tierra a los que no la tienen y permitir que los obreros del petróleo y el resto del proletariado disfruten de la riqueza que su trabajo produce”.
Populismo nacionalista: Callejón sin salida para los trabajadores
Como Lázaro Cárdenas, que gobernó México en la década de 1930, o el argentino Juan Domingo Perón en la de los 40 y 50, Chávez, un antiguo coronel que en 1992 había intentado en vano un golpe de estado, fue lo que los marxistas llamamos un gobernante bonapartista. El término se aplica a un caudillo, típicamente un (ex)dirigente militar como el original Napoleón Bonaparte, que encabeza un régimen que en un periodo de crisis lo eleva a la posición de “líder de la nación”. Como explicó el revolucionario marxista León Trotsky escribiendo sobre el régimen de Cárdenas que expropió la industria petrolera:
“En los países industrialmente atrasados el capital extranjero juega un rol decisivo. De ahí la relativa debilidad de la burguesía nacional en relación al proletariado nacional. Esto crea condiciones especiales de poder estatal. El gobierno gira entre el capital extranjero y el nacional, entre la relativamente débil burguesía nacional y el relativamente poderoso proletariado. Esto le da al gobierno un carácter bonapartista de índole particular. Se eleva, por así decirlo, por encima de las clases. En realidad, puede gobernar o bien convirtiéndose en instrumento del capitalismo extranjero y sometiendo al proletariado con las cadenas de una dictadura policial, o maniobrando con el proletariado, llegando incluso a hacerle concesiones, ganando de este modo la posibilidad de disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas extranjeros”.
—“La industria nacionalizada y la administración obrera” (1939)
La reforma populista y la austeridad neoliberal son dos caras del dominio de clase capitalista en los países dependientes, es decir, son las dos políticas alternativas de las que dispone la burguesía nacional, como se ha demostrado en la propia Venezuela. En 1976, el presidente Carlos Andrés Pérez nacionalizó la industria petrolera con compensación. Animado por el aumento de los precios del petróleo, invirtió fuertemente en programas sociales, expandiendo los empleos públicos y mejorando la educación y la atención médica. Pero cuando Pérez fue electo nuevamente en 1989, el mercado petrolero se había derrumbado, así que implementó una austeridad masiva en nombre del Fondo Monetario Internacional.
La principal preocupación de Chávez al llegar al poder en 1998 fue resolver el problema de los tambaleantes réditos petroleros del país, la vida misma de la burguesía venezolana. Inmediatamente procedió a disciplinar al sindicato de obreros petroleros y en general a aumentar la eficiencia de la industria petrolera de propiedad pública, mientras presionaba al cártel petrolero de la OPEP para que hiciera subir los precios. Fue gracias a esos esfuerzos, y en interés de la estabilidad social, que en un principio gran parte de la clase dominante apoyó a Chávez. Eso incluyó de manera prominente a sus antiguos compañeros en el alto mando del ejército, que cumplieron una función clave en restaurarlo en el poder tras el efímero golpe de estado de 2002.
Chávez tuvo suerte: los precios del petróleo se incrementaron de 10.87 dólares por barril en 1998 a 96.13 en 2013. Sin embargo, el precio del petróleo es notoriamente inestable y Estados Unidos, el mayor comprador de petróleo venezolano, ha reducido sus importaciones. Los programas de bienestar social que Chávez introdujo no pueden sostenerse a largo plazo bajo el capitalismo. Con su productividad en declive arrastrando consigo a la economía, Venezuela se las ha arreglado para mantenerse a flote gracias en buena medida a los miles de millones de dólares que el estado obrero deformado chino le ha prestado a cambio de petróleo.
Gran parte de la clase capitalista venezolana se enriqueció desviando la riqueza petrolera del país. El que Chávez invirtiera estas remesas en reformas sociales enfureció a elementos de la burguesía que por mucho tiempo habían considerado este dinero como su caja personal. Cuando Chávez implementó controles a los precios y las divisas y llevó a cabo nacionalizaciones, la división se profundizó. Desde que Chávez llegó al poder, cerca de un millón de venezolanos ricos y clasemedieros han abandonado el país. Muchos han enviado su dinero al extranjero, incluyendo a Miami, el nido de víboras de los exiliados anticomunistas cubanos. En respuesta, el gobierno instituyó más controles de precios y divisas, lo que dificultó que las compañías privadas obtuvieran capital, endureciendo la oposición al gobierno. Como resultado, muchos capitalistas manufactureros, como los de la industria automotriz, han cerrado sus fábricas, aumentando la dependencia de Venezuela de los bienes importados.
Para aumentar sus ganancias, muchas tiendas privadas se han negado a vender sus productos a las tasas oficiales del gobierno, insistiendo en cobrar precios más altos. Los especuladores exportan ilegalmente a Colombia los productos básicos que el gobierno subsidia para venderlos más caros. Se reporta que el acaparamiento es extendido. La “solución de mercado” tradicional, es decir, relajar los controles de precios y divisas así como los subsidios que introdujo Chávez, sin duda alentaría a los capitalistas privados a producir y vender más productos. Tal como ocurre en Colombia y otros países latinoamericanos, semejantes medidas serían benéficas para los libros contables de los capitalistas, pero desastrosas para todos los demás.
En la Venezuela actual, los pobres no pasan hambre, pero la escasez de productos básicos ha hecho sus condiciones más miserables. Mientras la riqueza productiva de la sociedad permanezca en manos privadas, la producción estará guiada por aquello que aumente la ganancia capitalista. Las masas seguirán sujetas a la explotación y la opresión y el desarrollo económico seguirá subordinado a los mandatos del mercado mundial dominado por el imperialismo. El sufrimiento de los pobres urbanos y rurales no podrá encontrar un remedio permanente sin el aplastamiento del estado burgués y el derrocamiento del orden social capitalista. La perspectiva de la Liga Comunista Internacional es una serie de revoluciones obreras a lo largo del globo, que pavimenten el camino a una economía colectivizada e internacionalmente planificada y a la consecuente expansión de las fuerzas productivas de la sociedad de acuerdo con las necesidades humanas.
Apologistas de izquierda del chavismo
La mayoría de las organizaciones que se describen como socialistas se apresuraron a apoyar la “Revolución Bolivariana” de Hugo Chávez y siguen actuando como el departamento de publicidad izquierdista de Maduro. Alan Woods, que dirige la Corriente Marxista Internacional (CMI) destaca entre estos especímenes, jactándose de ser un asesor “trotskista”, primero de Chávez y ahora de Maduro. El artículo de Woods del 5 de marzo “¡Hay que cumplir con el legado de Hugo Chávez!” (laizquierdasocialista.org) alaba a las masas trabajadoras que “han salvado la Revolución y la han empujado hacia delante” y les insta a que sean firmes con los “reformistas” y los “burócratas” del gobierno en Caracas.
En su declaración “Hugo Chávez ha muerto—¡La lucha por el socialismo vive!” (6 de marzo de 2013), la CMI explica: “Hugo Chávez ha muerto antes de poder completar la enorme tarea que se había comprometido a cumplir: la revolución socialista en Venezuela. Ahora depende de la clase obrera y el campesinado —la auténtica fuerza motriz de la revolución bolivariana— el completar esta tarea”. Luego implora: “debemos asegurarnos que el próximo gobierno aplique una política socialista”.
La CMI querría que las masas obreras sirvieran de infantería para promover la posición de Maduro, ayudando así a consolidar el dominio capitalista. Glorificar al antiguo coronel del ejército y a su acólito, que han estado administrando el represivo estado burgués venezolano por los últimos 16 años, desarma a los obreros y los ata a un ala de la clase dominante de Venezuela. La única defensa confiable contra el empobrecimiento capitalista, ya sea impuesto por la oposición derechista o por el gobierno de Maduro, es la lucha independiente de la clase obrera. Y la lucha por el socialismo sólo puede avanzar si el proletariado lucha bajo su propia bandera. El socialismo no resultará de la “Revolución Bolivariana” que no hace nada para desafiar la propiedad capitalista, sino de una revolución obrera que barra el aparato estatal burgués y expropie la propiedad capitalista.
La CMI ve en la “Revolución Bolivariana” una repetición de la Revolución Cubana. Como lo puso el vocero de la CMI Jorge Martín: “Esta dinámica de acción y reacción de la revolución venezolana nos recuerda fuertemente a los primeros años de la revolución cubana”. Esa comparación, sin embargo, no tiene ninguna base en la realidad.
Cuando las fuerzas de Castro entraron en La Habana el 1° de enero de 1959, culminando varios años de guerra de guerrillas, el ejército burgués y el resto del aparato del estado capitalista, que habían sostenido la dictadura de Batista respaldada por Estados Unidos, colapsaron en desorden. Al principio, los heterogéneos rebeldes pequeñoburgueses no estaban comprometidos más que con un programa de reformas democráticas radicales, pero, bajo la presión del imperialismo estadounidense, empezaron las nacionalizaciones. Para el momento en que Castro declaró a Cuba “socialista” en 1961, la burguesía cubana, los imperialistas estadounidenses y sus sicarios de la CIA y de la mafia ya habían huido y la propiedad capitalista había sido expropiada. Muy al contrario de lo que ocurrió en Venezuela, donde la burguesía está intacta como clase, lo que se estableció en Cuba en 1960-61 fue un estado obrero deformado: una sociedad en la que la propiedad privada fue colectivizada, pero es una casta burocrática parasitaria, y no la clase obrera, la que tiene el poder político.
El hecho de que un movimiento guerrillero pequeñoburgués pudiera derrocar el dominio capitalista se debió a circunstancias históricamente excepcionales: la ausencia de la clase obrera como contendiente por el poder por derecho propio, el cerco hostil del imperialismo y la huida de la burguesía nacional, y el salvavidas que arrojó la Unión Soviética. El propio estado obrero cubano tuvo como modelo a la Unión Soviética tras su degeneración burocrática a manos de los usurpadores estalinistas que inició en 1923-24. Como lo hicimos con el estado obrero degenerado soviético antes de su destrucción, llamamos por la defensa militar incondicional de Cuba y por una revolución política obrera que derroque a la casta burocrática gobernante.
En Cuba la burocracia castrista abraza el dogma estalinista del “socialismo en un solo país”. De este modo, niega la necesidad de la revolución proletaria internacionalmente, no sólo en el resto de América Latina, sino particularmente en el mundo capitalista avanzado. Minando aún más la defensa de Cuba, la burocracia se ha acomodado a todo tipo de regímenes capitalistas antiobreros, dándoles una cobertura “revolucionaria”. Mientras tanto, diversas “reformas de mercado” adoptadas en respuesta a los severos problemas económicos postsoviéticos de Cuba han provocado una desigualdad creciente (ver “Cuba: Crisis económica y ‘reformas de mercado’”, Espartaco No. 34, otoño de 2011).
En aquellos países, como Venezuela, donde el capitalismo surgió tardíamente, las burguesías son demasiado débiles, le temen demasiado al proletariado y dependen demasiado del mercado mundial —dominado por Estados Unidos, Europa y Japón— como para romper las cadenas de la subyugación imperialista y resolver la pobreza de las masas y otros problemas sociales candentes. El único camino hacia delante, como lo puso Trotsky en La revolución permanente (1930), es la lucha por “la dictadura del proletariado, empuñando éste el Poder, como caudillo de la nación oprimida y, ante todo, de sus masas campesinas”. La dictadura del proletariado pondría en el orden del día no sólo las tareas democráticas, sino también las socialistas, como la colectivización de la economía, dándole un poderoso impulso a la revolución socialista internacional. Sólo la victoria del proletariado en el mundo capitalista avanzado impediría definitivamente la restauración burguesa y aseguraría la posibilidad de concluir la construcción socialista.
Es tarea de los marxistas romper las ilusiones en populistas burgueses como Chávez para forjar partidos revolucionarios de la clase obrera. Como escribimos en “Venezuela: Nacionalismo populista vs. revolución proletaria” (Espartaco No. 25, primavera de 2006):
“La historia tiene reservado un severo veredicto para aquellos ‘izquierdistas’ que promueven a uno u otro caudillo capitalista con retórica izquierdista. El camino hacia delante para los oprimidos de todas las Américas no está en pintar a los hombres fuertes nacionalistas como revolucionarios, ni a las incursiones populistas como revoluciones. Está, por el contrario, en la construcción de secciones nacionales de una IV Internacional reforjada en el espíritu de una hostilidad revolucionaria intransigente a todas y cada una de las formas del dominio capitalista”.
Al sur del Río Bravo, estos partidos tendrán que construirse en una lucha política contra las extendidas ilusiones en el populismo y el nacionalismo. En Estados Unidos, un partido obrero revolucionario tendrá que construirse en la lucha por arrancar al proletariado del capitalista Partido Demócrata y por movilizarlo en solidaridad con todos aquellos oprimidos y explotados por el imperialismo estadounidense alrededor del mundo.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/41/venezuela.html
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2016.06.03 23:25 ShaunaDorothy Tras la destrucción del SME - Bolchevismo vs. sindicalismo “independiente” ¡Romper con AMLO y el PRD burgués! ¡Por un partido obrero leninista-trotskista! ( 1 - 2 ) (Primavera de 2011)

https://archive.is/Pwgkd
Espartaco No. 33 Primavera de 2011
La destrucción del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) ha significado la derrota sindical más importante en décadas. La liquidación de Luz y Fuerza del Centro (LyF) —puesta en vigor mediante la brutal ocupación policiaca de las instalaciones de la paraestatal el 10 de octubre de 2009— echó a la calle a 40 mil obreros y dejó en la incertidumbre a más de 20 mil jubilados. Este nuevo ataque se dio en el marco de un largo proceso de implementación de reformas económicas neoliberales. La intención del gobierno panista de Felipe Calderón, tras haber conseguido aprobar la “reforma” privatizadora de Pemex en 2008, fue quitar de un golpe al sindicato percibido como el más combativo del país frente a los intentos de privatizar la industria eléctrica.
En un volante del 11 de octubre de 2009 escribimos: “Esta nueva embestida patronal es un ataque salvaje contra el movimiento obrero y contra todos los pobres. ¡Defender al SME! ¡Movilizar el poder social de la clase obrera—por huelgas obreras en solidaridad con el SME! ¡Abajo la privatización del sector energético!” En la secuela del ataque, una serie de movilizaciones masivas de trabajadores y estudiantes fueron convocadas en la capital, incluyendo un paro del STUNAM el 11 de noviembre de ese año, en solidaridad con los electricistas. Pero el SME carecía ya de fuerza social propia, la cual derivaba de poder controlar, y en particular cortar, el suministro de electricidad a la principal ciudad del país. En tanto que las venales dirigencias priístas del SUTERM y el resto de la CTM apoyaron la liquidación rompesindicatos, el SME fue, en esencia, dejado morir solo por sus supuestos “aliados” a la cabeza de los sindicatos alineados tras el PRD burgués y falsamente llamados “independientes” —como la UNT—, así como del sindicato minero.
Los sindicatos mexicanos están dirigidos, sin excepción, por burocracias procapitalistas que representan no los intereses históricos de la clase obrera, sino los intereses de una delgada capa privilegiada —una verdadera aristocracia obrera—. Consciente del enorme poder social de la clase obrera a la que encabeza, la burocracia hace todo lo que está en sus manos para desmovilizar a sus bases; en el mejor de los casos, los burócratas las movilizan para renegociar los términos de explotación del trabajo cuando ven sus propias prerrogativas amenazadas. La perspectiva política de los dirigentes obreros actuales está enteramente enmarcada en el nacionalismo burgués impulsado prominentemente por el PRD —un partido del capital— y se centra en la falacia de la comunidad de intereses entre explotados y explotadores a veces condimentada con vacua retórica “antiimperialista”. La constante política de colaboración de clases y subordinación de los sindicatos a políticos burgueses —desde el PRI hasta el PRD— y la consecuente ausencia de una respuesta obrera decidida ante el panorama de ataques continuos contra el proletariado y todos los pobres ha llevado a una derrota tras otra.
Ante este oscuro panorama es desesperadamente necesario luchar. Compuesta por asalariados que no poseen sino su fuerza de trabajo, la clase obrera tiene el interés objetivo de derrumbar el sistema de explotación capitalista; teniendo las manos en el engranaje de la producción, tiene además un enorme poder social. Para desatar esta fuerza, hay que luchar por el forjamiento de una dirección clasista de los sindicatos, lo cual empieza con la lucha por la independencia política del movimiento obrero —concretamente, por romper con el nacionalismo burgués y toda ilusión en el PRD y/o AMLO—.
“Neoliberalismo” y “populismo”: Dos caras de la explotación capitalista
La privatización masiva de la vieja base industrial nacionalizada y la eliminación de aranceles mediante el TLC —tratado de rapiña imperialista contra México— han minado los fundamentos económicos del viejo régimen del PRI y conducido a una creciente subyugación económica a EE.UU., que coincidió y se vio reforzada por la caída de la URSS en 1991-92. La desesperación económica en amplios sectores sociales sólo se ha intensificado con la crisis mundial actual, que ha significado la pérdida de cientos de miles de trabajos industriales y altas tasas de desempleo oficial. Al mismo tiempo, el fortalecimiento de medidas antiinmigrantes por parte del gobierno de Obama, la crisis y el concomitante desempleo en EE.UU. han restringido severamente la tradicional válvula de escape de la migración, en tanto que el envío de remesas —la principal fuente de ingresos para muchos mexicanos, sobre todo en el campo— ha caído significativamente.
Para el PAN “neoliberal” el viejo corporativismo es un lastre, y se ha dedicado a destruir sindicatos más que a procurar controlarlos. Otro ejemplo de ello lo da el sindicato minero —antiguo pilar del corporativismo—, que ha estado constantemente en la mira del gobierno y al cual los espartaquistas hemos defendido desde el principio. Ahora, el gobierno panista está impulsando otra vez una reforma salvajemente antiobrera a la Ley Federal del Trabajo —una nueva versión de la vieja “Ley Abascal” que atenta contra derechos básicos de los trabajadores como el derecho a huelga y la existencia de un contrato colectivo—. La estructura sindical corporativista ha estado pues en una prolongada agonía y las prestaciones que el viejo régimen priísta otorgaba a algunos sectores sindicalizados —como vivienda barata, subsidios alimenticios y estabilidad laboral— se han convertido en una cosa del pasado. Consciente de su propia ilegitimidad y en respuesta al descontento masivo, el régimen burgués actual descansa cada vez más en la represión abierta, “justificada” especialmente mediante la infame “guerra contra el narcotráfico” (ver: “¡Abajo la militarización de la ‘guerra contra el narcotráfico’”, Espartaco No. 32, octubre de 2010).
Por su parte, AMLO, el PRD y el PT —también un partido capitalista— ofrecen a la burguesía una opción de recambio nacionalista para procurar la estabilización del país con base en una versión de las políticas corporativistas del PRI de antaño, epitomizadas por el gobierno de Lázaro Cárdenas. “Populismo” y “neoliberalismo” no son más que dos formas alternativas de administrar el brutal régimen de explotación capitalista. Analizando especialmente la política de Lázaro Cárdenas, León Trotsky —dirigente junto con V.I. Lenin de la Revolución Rusa de 1917— explicó en 1940 la aparente dicotomía entre quienes hoy se conocen comúnmente como “populistas” y “neoliberales”:
“En la medida en que el papel principal en los países atrasados no corresponda al capitalismo extranjero, la burguesía nacional ocupa, en lo que respecta a su posición social, una situación inferior a la que corresponde al desarrollo de la industria. En la medida en que el capital extranjero no importe trabajadores, sino que proletarice a la población indígena, el proletariado nacional pasa a desempeñar rápidamente el papel más importante en la vida del país. En estas condiciones, el gobierno nacional, en la medida en que trata de resistir al capital extranjero, se ve obligado a apoyarse más o menos en el proletariado. En cambio, los gobiernos de esos países, que consideran inevitable y más provechoso para ellos ir mano a mano con el capital foráneo, destruyen las organizaciones obreras e instauran un régimen más o menos totalitario”.
¡Por un partido obrero leninista-trotskista!
La clave para la liberación de los explotados y oprimidos del Tercer Mundo está en la teoría de la revolución permanente de Trotsky —confirmada en la práctica por la Revolución de Octubre de 1917—, que explica que en la actual época imperialista las revoluciones democrático-burguesas, en el modelo de la inglesa o la francesa de los siglos XVII y XVIII, son cosa del pasado precisamente porque la burguesía de los países de desarrollo capitalista atrasado están inextricablemente subordinadas a sus amos imperialistas. Las cuestiones democráticas candentes en estos países subyugados —como la emancipación nacional y la revolución agraria— sólo pueden ser resueltas mediante la dictadura del proletariado apoyada por el campesinado, es decir, un gobierno obrero y campesino en el que, a través de los soviets o consejos, sean los proletarios y campesinos pobres quienes dirijan el nuevo poder estatal.
La búsqueda incesante de un ala “antiimperialista” de la burguesía tercermundista sólo ha conducido a derrotas sangrientas para el proletariado. La emancipación de México y de todos los países subyugados por el imperialismo, así como el progreso real, social y económico de estas sociedades, está ligada invariablemente a la perspectiva de una revolución proletaria y su extensión internacional a los países industrializados, especialmente EE.UU. (ver: “El desarrollo y la extensión de la teoría de la revolución permanente de León Trotsky”, Espartaco No. 29, primavera de 2008).
Ésta fue la perspectiva de los bolcheviques de Lenin y Trotsky en Rusia en 1917. Para hacerla realidad de nuevo son necesarias, en palabras de Trotsky, tres cosas: “el partido, de nuevo el partido y siempre el partido”. La historia ha mostrado que la clase obrera, exclusivamente por medio de su propio esfuerzo y experiencias cotidianas, no puede desarrollar una conciencia más alta que la sindical, es decir, la necesidad de unirse en sindicatos para la lucha económica contra los patrones y el gobierno. La conciencia sindical, sin embargo, es conciencia burguesa. El sindicalismo en sí y por sí no cuestiona el modo de producción capitalista, sino que sólo procura mejorar las condiciones inmediatas y los salarios de los obreros en luchas contra patrones individuales. Para llevar a la clase obrera la conciencia de su misión emancipadora universal es necesaria la intervención de un partido proletario revolucionario.
En otras palabras, los sindicatos representan a la clase obrera tal cual es; el partido revolucionario la representa como debería ser. Así, en tanto que los comunistas estamos por la unidad de la clase obrera en los sindicatos independientemente de la perspectiva política de los obreros que los forman —cuanto más amplias son las masas que aglutinan los sindicatos, éstos cumplen mejor su misión—, un partido proletario revolucionario requiere homogeneidad ideológica y unidad de acción y de organización. Como Trotsky escribió en 1929:
“La independencia con respecto a la burguesía no puede ser un estado pasivo. Esta independencia sólo puede manifestarse en actos políticos, es decir, en la lucha contra la burguesía. Este combate debe estar presidido por un programa particular, cuya aplicación exige una organización y una táctica apropiadas. Es esta fusión del programa, la organización y la táctica lo que constituye el partido. En este sentido, la independencia real del proletariado con respecto al poder burgués no es factible si el proletariado no se coloca en su lucha bajo la dirección de un partido revolucionario...”.
—“Comunismo y sindicalismo”
Nacionalismo y corporativismo
El corporativismo es la organización de la sociedad dentro de corporaciones o “sectores” nominalmente representados en el gobierno capitalista —en el caso de los sindicatos, por intermedio de la burocracia—; su propósito central es mantener un control directo sobre el movimiento obrero y oponerle el contrapeso de sectores de la pequeña burguesía, especialmente el campesinado. Al mismo tiempo, el corporativismo ayuda a oscurecer el hecho de que el estado capitalista sirve para defender los derechos de la burguesía y mantener a la clase obrera explotada y oprimida.
El régimen de Lázaro Cárdenas (1934 a 1940) fue crucial en la estabilización del régimen burgués mexicano tras décadas de guerra civil intermitente, así como en el establecimiento del grillete corporativista. Consciente de la necesidad de una base de apoyo obrera ante las exigencias excesivas del imperialismo, Cárdenas patrocinó la formación de sindicatos y de la CTM, al tiempo que imponía una férrea burocracia contra elementos más izquierdistas. Así, desde finales de los años 30 la CTM y la mayoría de los grandes sindicatos de industria (originalmente incluyendo al SME) han formado parte orgánica del PRM/PRI burgués —el cual fue durante décadas el partido gobernante de un estado fundamentalmente unipartidista—. (Cárdenas esencialmente continuó y profundizó la política de Plutarco Elías Calles en los años 20, bajo cuyos auspicios la CROM de Morones se desarrolló como un punto de apoyo servil para el gobierno burgués y un baluarte anticomunista en el movimiento obrero.)
Muchos obreros, campesinos y jóvenes izquierdistas se identificaron con Cárdenas debido a las nacionalizaciones del petróleo y los ferrocarriles y el reparto agrario —medidas que los comunistas defendemos contra ataques privatizadores o derechistas—, así como por su retórica nacionalista. Incluso hoy, muchos añoran la política de Cárdenas. Pero sus reformas, como las aplicadas en nuestros días por Hugo Chávez en Venezuela, no tienen nada que ver con el socialismo. El objetivo fundamental de Cárdenas era modernizar el país en beneficio de la burguesía nacional, y nunca poner en cuestión su dominio. Una vez lograda su meta, él mismo desató la fuerza represiva del estado contra la clase obrera, en particular contra los huelguistas de la refinería de Azcapotzalco en 1940. El resultado de la confianza del proletariado en Cárdenas fue la atadura de los sindicatos al estado mediante la camisa de fuerza corporativista y siete décadas de priato brutal. (Para un análisis más detallado del periodo de Cárdenas ver Espartaco No. 14, otoño-invierno de 2000.)
Los siguientes gobiernos del PRM/PRI, hasta principios de los años 80, siguieron utilizando retórica nacionalista y algunas concesiones significativas a la clase obrera combinadas con la represión brutal contra huelguistas, la izquierda y los disidentes en los sindicatos. La dirigencia del SME durante la mayor parte del régimen priísta representó un ala de la burocracia oficialista crítica del charrismo excesivo de la CTM, de la cual se escindió en 1937. Esto redundó, por lo menos a partir de los años 50, en la existencia de alguna medida de democracia formal al interior del sindicato —ante lo cual los comunistas ciertamente no somos indiferentes—. Sin embargo, la actividad política del SME siempre estuvo regida —al igual que la de la CTM— por el pacto de unidad nacionalista con la burguesía mexicana con la retórica eterna del “progreso de la nación”. Un ejemplo de esto fue el Pacto de Unidad Obrero Nacional firmado en 1942, a través del cual el SME, la CTM, el PCM y la CROM, entre otros, acordaron no estallar ninguna huelga mientras durara la Segunda Guerra Mundial.
La nacionalización de la industria eléctrica y la Tendencia Democrática del SUTERM
En el contexto de las movilizaciones del SME a finales de 2009 y principios de 2010, el pantano reformista de la izquierda mexicana sacó a colación la experiencia de la Tendencia Democrática (TD) de Rafael Galván en el SUTERM en los años 70 como algo a emular. Vale la pena detenerse en este pasaje histórico para desmentir esta idea de la historia.
Para 1960 existían tres sindicatos en la rama eléctrica: el STERM (antes FNTICE) de Rafael Galván, el SME y el SNESCRM (o SNE) cetemista. En 1968, el gobierno reestructuró la industria eléctrica en dos organismos, la Comisión Federal de Electricidad (CFE), que constituía el conjunto de las empresas nacionalizadas ocho años antes, y Luz y Fuerza del Centro. El STERM y el SNESCRM se disputaron la titularidad del contrato colectivo con la CFE hasta la formación del SUTERM en 1972 con base en la fusión —auspiciada por el gobierno— de ambos sindicatos. El SME, a pesar de haber participado en discusiones de unificación con Galván, se mantuvo fuera de la fusión y siguió siendo el único sindicato de LyF (nacionalizada en 1974).
Galván había impulsado durante años la unificación de todos los sindicatos electricistas. Los comunistas habríamos luchado por tal unificación con base en la movilización de las bases obreras —sin otorgar ningún apoyo político a Galván ni a ninguna de las demás burocracias contendientes—. Oponiéndonos a la escisión de la clase obrera en sindicatos gremiales o competidores basados en diferentes tendencias políticas, estamos por la formación de sindicatos de industria: todos los trabajadores, calificados y no calificados, de un mismo ramo industrial deben pertenecer a un mismo sindicato. Además, los comunistas nos oponemos por principio a cualquier intervención estatal en el movimiento obrero. En cambio, la perspectiva entera de Galván —incluso en cuanto a la unificación sindical— se basaba en ganar el “apoyo” del estado capitalista.
En efecto, históricamente las burocracias sindicales mexicanas han concentrado sus esfuerzos en la ilusión de “influenciar” al estado y ganarlo a su lado como un tutor. Trotsky explicó las bases materiales de esta dependencia en el Tercer Mundo:
“Los países coloniales y semicoloniales no están dominados por un capitalismo autóctono, sino por el imperialismo extranjero. Pero esto no quita, sino que refuerza todavía más la necesidad de establecer lazos cotidianos y prácticos entre los magnates del capitalismo y los gobiernos que de hecho dependen de ellos —los gobiernos coloniales y semicoloniales.
“Puesto que el capitalismo imperialista crea en los países coloniales y semicoloniales una aristocracia y burocracia obrera, ésta implora el apoyo de los gobiernos coloniales y semicoloniales, como protectores y tutores suyos, a veces como árbitros. Esto constituye la base social más importante del carácter bonapartista y semibonapartista de los gobiernos en las colonias y en general en los países ‘atrasados’. Constituye también la base de la dependencia de los sindicatos con respecto al estado”.
Los obreros y militantes de izquierda deben entender que el estado capitalista —en cuyo núcleo se encuentran la policía, el ejército, las cárceles y los tribunales— es una máquina de represión sistemática, dirigida contra todos los explotados y oprimidos, al servicio de la burguesía para mantener sometida a la clase obrera y asegurar el dominio de clase de los capitalistas. El estado no puede ser reformado para que sirva a los intereses de la clase obrera; debe ser destruido por una revolución socialista y remplazado por un estado obrero para defender al proletariado como nueva clase dominante.
Claramente, Galván esperaba quedar al frente de la nueva agrupación unificada. Sin embargo, al momento de la unificación su contraparte cetemista, con el apoyo evidente del gobierno, lo desplazó de la dirección, concediéndole un puesto sindical secundario y dando la dirección nacional a Francisco Pérez Ríos, dirigente del SNESCRM cetemista y predecesor de “La Güera” Rodríguez Alcaine.
Aunque la burocracia cetemista era ciertamente más brutal, derechista y pragmática que la galvanista —cardenista de vieja cuña—, no había ninguna diferencia programática principista entre ellas. Durante el primer par de años del nuevo sindicato, las cosas parecían estar en relativa calma. Sin embargo, el conflicto estalló en 1974, cuando los obreros de General Electric estallaron una huelga y nombraron un Comité Ejecutivo sustituto. Al principio, los cetemistas y Galván presentaron un frente común y tomaron directamente la dirección seccional. Sin embargo, elementos policiacos y esquiroles rompieron la huelga el 1º de julio, y Galván acusó a los cetemistas de haber auspiciado la ruptura de la huelga —lo cual no habría sido raro en absoluto—. Los burócratas cetemistas quisieron imponer su acostumbrado régimen totalitario y finalmente expulsaron a Galván en 1975.
Quizá la más célebre de las movilizaciones de la Tendencia Democrática de Galván fue el Congreso Nacional en Guadalajara en abril de 1975, donde los electricistas de la TD votaron la “Declaración de Guadalajara”, que sostenía demandas como la reivindicación de sindicatos nacionales de industria y la sindicalización de todos los asalariados. Estas exigencias son justas como consignas de lucha para movilizar a los propios obreros. Sin embargo, exigir estas demandas al estado capitalista es, en el mejor de los casos, una muestra de fe conmovedora en la burguesía. En el caso de Galván se trataba más bien de su visión del estado como tutor de la clase obrera. La Declaración incluía otras demandas apoyables como una escala móvil de salarios, congelación de precios, mejoramiento del sistema de seguridad social y viviendas para obreros. Exigía también la “expropiación de empresas imperialistas” y, finalmente, la “colectivización agraria” —algo imposible de realizar sin una revolución proletaria—.
Pese al aparente radicalismo de las demandas, la misma “Declaración de Guadalajara” deja ver la falacia del “nacionalismo revolucionario” de Galván y sus odas típicamente charras al presidente en turno —que sucede que se trataba de uno de los más brutales asesinos de izquierdistas en la historia de México—: “nosotros sostenemos que cuando el desarrollismo se encuentra en franca crisis y el propio presidente Echeverría levanta banderas nacionalistas y revolucionarias, estamos ante victorias populares indiscutibles y ante una sensibilidad política indesdeñable”.
Un año después, la TD emitió un emplazamiento a huelga para el día 30 de junio de 1976, mismo que aplazó para el 16 de julio, ¡para no interferir con las elecciones presidenciales del día 1º! Los electricistas atestiguarían en carne propia la “sensibilidad política” de Echeverría cuando éste mandó al ejército a ocupar instalaciones de la CFE y locales sindicales a nivel nacional horas antes del vencimiento del emplazamiento. Tras la represión, la disidencia electricista se desmoronó. Poco después los integrantes de la TD fueron despedidos en una campaña concertada por la empresa, la CTM y el gobierno.
Sin dar ningún apoyo político a Galván, los comunistas tenían un lado en esta lucha: era necesario pelear por la movilización del poder social de la clase obrera en defensa de la TD y contra los despidos, cualquier represalia y la intervención estatal en los sindicatos. Una lucha así podría haber significado un paso adelante en la formación de una dirección obrera genuinamente revolucionaria y en la independencia política del movimiento obrero. Y esta perspectiva no era descabellada: la lucha en el SUTERM encontró amplio eco en el proletariado y animó también a estudiantes y campesinos. Numerosos sindicatos se sumaron a la lucha estallando una ola huelguística —la llamada “Insurgencia Sindical”— que no se ha vuelto a ver en el país.
Según un tal Lorenzo Arrieta (“20 años de lucha en el Sindicato Mexicano de Electricistas” en Los sindicatos nacionales en el México contemporáneo: Electricistas, México, 1989), desde 1975 la dirigencia del SME se negó a participar en cualquier movilización de la TD. Mientras el ejército tomaba instalaciones y locales sindicales, los dirigentes de las secciones del SUTERM de Puebla y Guadalajara —las más numerosas de las que apoyaban a Galván— aceptaron volver al trabajo y reconocieron al Comité Ejecutivo sindical cetemista encabezado ya por Rodríguez Alcaine. Según Elektron (boletín del Frente de Trabajadores de la Energía —el cual se reclama heredero de la TD—, Vol. 10, No. 206, 16 de julio de 2010), “para la defección, el gobierno instrumentó las acciones a través de Jorge Torres Ordoñez, secretario general en turno del SME”.
Tras el aplastamiento de la Tendencia Democrática —a la par con la infame guerra sucia librada por Echeverría durante la primera mitad de los años 70 contra las organizaciones guerrilleras y la izquierda en su conjunto—, el régimen priísta optó por adoptar una fachada más “democrática” para apaciguar el desasosiego obrero y comprar a la izquierda: la “reforma política” de finales de los 70. El gobierno otorgó facilidades a los partidos de la izquierda para participar en las elecciones y obtener el registro oficial —y, con éste, un millonario subsidio—. Y la izquierda aceptó el trueque. Así, toda la gama de organizaciones supuestamente “marxistas” —desde el PCM estalinista hasta el PRT seudotrotskista— se abalanzaron a las contiendas electorales y, por supuesto, al subsidio estatal (ver también “De Tlatelolco a Atenco: La guerra sucia del capitalismo mexicano”, Espartaco No. 19, otoño-invierno de 2002).
La izquierda entera presenta a Galván como una especie de apóstol de la democracia sindical, si acaso víctima de un programa “equivocado”. Un ejemplo de ello lo da el Grupo Internacionalista (GI), una agrupación que se reclama trotskista. Si bien presenta críticas aparentemente ortodoxas a la perspectiva colaboracionista del “nacionalismo revolucionario” de Galván y la confianza suicida en una supuesta ala “antiimperialista” de la burguesía (El Internacionalista, noviembre de 2009), el GI resume: “La Tendencia Democrática liderada por Rafael Galván en los años 70 buscó deshacerse de la garra de los dirigentes charros de la CTM, pero no supo romper con todo el sistema corporativista del priato, y por eso finalmente fue derrotada” (volante del Comité de Lucha Proletaria, asociado al GI, 15 de enero de 2010). El problema con Galván no era su ignorancia; el corporativismo priísta era, de hecho, su programa. Para Galván, los sindicatos debían colaborar con el gobierno para “consolidar un Estado Nacional Revolucionario”. Como él mismo lo puso en 1978, “es necesario lograr la independencia ideológica de los trabajadores sin renunciar a su participación en el Estado a través del PRI [¡!]”. Según él, “hasta Cárdenas, el Estado tenía la misión de construir la unidad nacional. El Estado era del pueblo y no de una clase”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/33/sme.html
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2016.06.01 14:07 ShaunaDorothy ¡Abajo la reforma privatizadora de Pemex! ¡Ninguna ilusión en AMLO y el PRD burgués! (Invierno de 2008-2009)

https://archive.is/ndhdW
Espartaco No. 30 Invierno de 2008-2009
¡Abajo la reforma privatizadora de Pemex!
¡Ninguna ilusión en AMLO y el PRD burgués!
¡Sólo la revolución obrera puede romper el yugo imperialista!
¡Reforjar la IV Internacional, partido mundial de la revolución socialista!
A continuación reimprimimos una declaración del Grupo Espartaquista de México contra la embestida para privatizar la industria petrolera, publicada originalmente como volante el 29 de abril de 2008, bajo el encabezado “¡Abajo la campaña del PRI y el PAN para privatizar Pemex!” La reforma energética fue aprobada el 23 de octubre en el senado, en una sede alterna copada por elementos de la PFP, mientras cientos de personas encabezadas por López Obrador protestaban afuera del recinto. La iniciativa fue aprobada con los votos de las bancadas del PRI, PAN y PVEM, así como de la mayoría de los legisladores perredistas, asociados con Nueva Izquierda, el ala dirigida por Jesús Ortega (conocida como “los chuchos”). Diputados perredistas que trataron de ingresar al salón de sesiones fueron golpeados por los policías, incluyendo a la diputada Aleida Alavez, con dos meses de embarazo. El día 25 de octubre la reforma fue aprobada también en la cámara de diputados.
La reforma aprobada es claramente privatizadora, ya que garantiza a empresas privadas la exploración y extracción de petróleo en áreas geográficas exclusivas. Los perredistas se congratulaban en los días previos a la votación en el senado por supuestamente haber impedido la privatización de Pemex. Fue muy poco antes de la votación que López Obrador y sus seguidores denunciaron como privatizadora la reforma maquillada, y han llevado a cabo diversas protestas desde entonces. Las fricciones dentro del PRD han escalado aún más a raíz del —ciertamente turbio— fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación a favor de Jesús Ortega como ganador de las elecciones a la dirigencia de ese partido burgués. Muchos partidarios férreos de AMLO hoy lo instan a no negociar con “los chuchos”, y algunos incluso a romper con el PRD. Así como las diferencias entre neoliberales y populistas, las diferencias dentro del PRD —un partido surgido del PRI— reflejan simplemente políticas distintas para estabilizar el régimen capitalista mexicano y avanzar los intereses de la burguesía nacional, particularmente en el umbral de una brutal crisis global: en tanto que López Obrador considera más provechoso cooptar el descontento social y usarlo como ariete contra sus oponentes burgueses, Ortega prefiere negociar directamente con el PAN y el PRI.
El PAN de Felipe Calderón y el PRI se están movilizando para privatizar la industria energética nacionalizada en una maniobra al servicio del imperialismo estadounidense, que no ha quitado la vista del petróleo mexicano desde 1938. La privatización significaría despidos masivos, aún más recortes brutales al gasto social, ataques antisindicales, incluyendo contra el sindicato petrolero, y la agudización de la carestía de la vida. ¡La clase obrera debe movilizar su poder social contra esta ofensiva!
Las masas de obreros y pobres mexicanos perciben la expropiación petrolera como una conquista histórica derivada de la Revolución Mexicana, que toca lo más profundo de sus sentidas aspiraciones democráticas, particularmente en lo que respecta a la emancipación nacional. Así como León Trotsky —codirigente con Lenin de la Revolución Rusa de 1917— defendió la expropiación de las compañías petroleras anglo-estadounidenses en 1938, los espartaquistas defendemos la industria energética nacionalizada como una medida de autodefensa nacional del México semicolonial ante el imperialismo. Nuestra defensa de la industria energética nacionalizada no es un fin en sí mismo, sino parte integral de nuestra lucha por la revolución proletaria y su extensión internacional, a fin de cuentas la única manera de poner fin a la miseria y de alcanzar la emancipación nacional.
Esta ofensiva privatizadora burguesa viene tras más de dos décadas de ataques neoliberales contra los explotados y oprimidos. La devastación de la economía y el nivel de vida de las masas ha puesto el escenario para los estallidos de lucha social más importantes en décadas. Estas luchas defensivas —como la poderosa huelga de metalúrgicos en Lázaro Cárdenas o las luchas desesperadas, y al final derrotadas, de las masas oaxaqueñas y de Atenco en 2006— son un reflejo del descontento generalizado. Millones de campesinos han sido echados de la tierra y obligados a emigrar debido a la devastación del campo con el TLC, un tratado de rapiña imperialista contra México. La reciente entrada en vigor del capítulo agropecuario del TLC es el tiro de gracia contra los campesinos pobres. ¡Abajo el TLC, tratado de rapiña imperialista contra México!
La actual embestida neoliberal debe verse en el contexto de la contrarrevolución capitalista en la URSS, una derrota histórico-mundial para el proletariado y los pueblos oprimidos que ocasionó un cambio en la correlación de fuerzas mundial a favor del imperialismo. La contrarrevolución ha traído consigo un retroceso en la conciencia; hoy, la percepción corriente entre obreros, campesinos y jóvenes es que el comunismo fue un experimento fallido, lo cual ha llevado al reforzamiento del populismo burgués. El populismo latinoamericano —representado hoy prominentemente por el PRD en México y Chávez en Venezuela, y en el pasado por Lázaro Cárdenas, entre otros— es una política burguesa que pretende borrar las distinciones de clase, diluyendo al proletariado en la masa del “pueblo”. El sobre para la presentación de esta política es el nacionalismo, que vende la mentira de que la clase obrera y los oprimidos tienen los mismos intereses que su enemigo de clase, la burguesía. Chávez y AMLO utilizan tanto la falsa retórica “antiimperialista” y democrática combinada con concesiones a los obreros, los pobres y los oprimidos, como la represión —desde la huelga de la UNAM de 1999-2000 hasta Lázaro Cárdenas y Atenco, PRD, PRI y PAN han sido socios en la represión capitalista—.
Advertimos contra cualquier ilusión en la burguesía, especialmente el populista PRD y AMLO, que están oponiéndose a la privatización y tratando de reforzar sus falsas credenciales “antiimperialistas”. Los populistas burgueses, que defienden por completo el sistema capitalista, no son menos enemigos de la victoria del proletariado que los políticos más derechistas como los del PAN. AMLO basa su campaña en las extensas ilusiones de que la modernización de Pemex como empresa estatal conduce a la emancipación nacional o la salvaguarda y sería la base para satisfacer las necesidades de la población. Similarmente, existe la noción tan falsa como extendida de que Pemex pertenece al “pueblo” o a “la nación”. Todo esto es falso. Pemex pertenece a la burguesía, y los capitalistas mexicanos están divididos sobre cómo beneficiarse mejor de las enormes riquezas producidas por los actuales precios astronómicos del petróleo. Independientemente de lo que hagan con Pemex, de quién gobierne y bajo qué programa, el México capitalista seguirá siendo un productor de petróleo atrasado y subyugado por el imperialismo, sujeto a las crisis del mercado y las fluctuaciones enloquecidas de los precios del crudo. No se puede romper el yugo imperialista ni satisfacer las necesidades de la población bajo el capitalismo, menos cuando se basa principalmente en una industria extractiva en un país semicolonial.
En efecto, las burguesías de todos los países de desarrollo capitalista tardío son absolutamente incapaces de romper con el imperialismo. Como Lenin enseñó, el imperialismo no es una política coyuntural desechable, sino un sistema mundial de explotación y opresión dominado por los grandes monopolios financieros respaldados por sus respectivos estados-nación con sus ejércitos y flotas, que terminaron hace ya mucho de repartirse al mundo entero y mantienen bajo su yugo a los países atrasados. Así, México es un país de desarrollo desigual y combinado, donde las técnicas modernas de la producción cohabitan con el miserable atraso en el campo. La abrumadora mayoría de la industria en México es de capital imperialista, que ha creado un proletariado poderoso. Los marxistas basamos nuestra estrategia entera en el proletariado industrial moderno, que no tiene ningún interés como clase en mantener el sistema de explotación capitalista, avocado a la producción de ganancias. La clase obrera tiene el poder social y el interés de dirigir a todos los oprimidos en el derrocamiento del capitalismo mediante la revolución socialista, aboliendo la propiedad privada de los medios de producción y el régimen de la burguesía —la clase de los dueños de los medios de producción, que explotan el trabajo asalariado—.
La enorme dependencia de la economía mexicana en el petróleo —que constituye el 40 por ciento de los ingresos del gobierno— es una muestra pasmosa del carácter atrasado de su desarrollo capitalista. Es imposible alcanzar un desarrollo industrial comparable al de los países avanzados dentro del marco del capitalismo. En su obra La revolución permanente, León Trotsky explicó:
“Con respecto a los países de desarrollo burgués retrasado, y en particular de los coloniales y semicoloniales, la teoría de la revolución permanente significa que la resolución íntegra y efectiva de sus fines democráticos y de su emancipación nacional tan sólo puede concebirse por medio de la dictadura del proletariado, empuñando éste el Poder como caudillo de la nación oprimida y, ante todo, de sus masas campesinas.”
Al llegar al poder, el proletariado no puede detenerse en las tareas democráticas, sino que debe pasar inmediatamente a las tareas socialistas —la expropiación de la burguesía como clase, es decir, la colectivización, y la planificación económica—. Así, las sentidas aspiraciones democráticas de las masas, como la emancipación nacional, la democracia política y la revolución agraria, son una fuerza motriz para la revolución proletaria, pues sólo se pueden lograr mediante una economía colectivizada. ¡Por un gobierno obrero y campesino! Luchamos por construir el partido de vanguardia del proletariado que procura arrancarle a la burguesía nacional-populista la lealtad de las masas, combatiendo las ilusiones en la reforma democrática del estado burgués y encaminando sus luchas hacia la toma del poder por el proletariado.
La revolución proletaria debe extenderse internacionalmente, especialmente a la bestia imperialista estadounidense. La supervivencia de la revolución en México y su ulterior desarrollo hacia el socialismo es impensable, económica y militarmente, sin la ayuda del proletariado multirracial de EE.UU., y una revolución obrera en México daría un formidable impulso a la revolución al norte del Río Bravo, especialmente entre los obreros negros y los millones de obreros inmigrantes. El proletariado multirracial estadounidense debe hacer oír su poderosa voz en lucha de clases conjunta con sus hermanos mexicanos contra los designios de los gobernantes capitalistas. A diferencia del resto de la izquierda, los comunistas del Grupo Espartaquista de México, al lado de nuestros camaradas de la LCI entera, genuinamente luchamos por una economía socialista internacional mediante nuevas revoluciones de Octubre alrededor del mundo, para acabar con el imperialismo, el racismo y toda forma de opresión. Si estás de acuerdo con nuestra perspectiva, ¡únete a nuestra lucha por la emancipación del proletariado, base fundamental para la emancipación humana universal!
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/30/pemex.html
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2016.05.28 14:58 ShaunaDorothy Declaración del Grupo Espartaquista de México ¡Abajo la campaña del PRI y el PAN para privatizar Pemex! ¡Sólo la revolución obrera puede romper el yugo imperialista! (29 de abril de 2008)

https://archive.is/DCRF6
Grupo Espartaquista de México, 29 de abril de 2008
Declaración del Grupo Espartaquista de México
¡Abajo la campaña del PRI y el PAN para privatizar Pemex!
¡Sólo la revolución obrera puede romper el yugo imperialista!
¡Ninguna ilusión en AMLO y el PRD burgués!
¡Reforjar la IV Internacional, partido mundial de la revolución socialista!
El PAN de Felipe Calderón y el PRI se están movilizando para privatizar la industria energética nacionalizada en una maniobra al servicio del imperialismo estadounidense, que no ha quitado la vista del petróleo mexicano desde 1938. La privatización significaría despidos masivos, aún más recortes brutales al gasto social, ataques antisindicales, incluyendo contra el sindicato petrolero, y la agudización de la carestía de la vida. ¡La clase obrera debe movilizar su poder social contra esta ofensiva!
Las masas de obreros y pobres mexicanos perciben la expropiación petrolera como una conquista histórica derivada de la Revolución Mexicana, que toca lo más profundo de sus sentidas aspiraciones democráticas, particularmente en lo que respecta a la emancipación nacional. Así como León Trotsky —codirigente con Lenin de la Revolución Rusa de 1917— defendió la expropiación de las compañías petroleras anglo-estadounidenses en 1938, los espartaquistas defendemos la industria energética nacionalizada como una medida de autodefensa nacional del México semicolonial ante el imperialismo. Nuestra defensa de la industria energética nacionalizada no es un fin en sí mismo, sino parte integral de nuestra lucha por la revolución proletaria y su extensión internacional, a fin de cuentas la única manera de poner fin a la miseria y de alcanzar la emancipación nacional.
Esta ofensiva privatizadora burguesa viene tras más de dos décadas de ataques neoliberales contra los explotados y oprimidos. La devastación de la economía y el nivel de vida de las masas ha puesto el escenario para los estallidos de lucha social más importantes en décadas. Estas luchas defensivas —como la poderosa huelga de metalúrgicos en Lázaro Cárdenas o las luchas desesperadas, y al final derrotadas, de las masas oaxaqueñas y de Atenco en 2006— son un reflejo del descontento generalizado. Millones de campesinos han sido echados de la tierra y obligados a emigrar debido a la devastación del campo con el TLC, un tratado de rapiña imperialista contra México. La reciente entrada en vigor del capítulo agropecuario del TLC es el tiro de gracia contra los campesinos pobres. ¡Abajo el TLC, tratado de rapiña imperialista contra México!
La actual embestida neoliberal debe verse en el contexto de la contrarrevolución capitalista en la URSS, una derrota histórico-mundial para el proletariado y los pueblos oprimidos que ocasionó un cambio en la correlación de fuerzas mundial a favor del imperialismo. La contrarrevolución ha traído consigo un retroceso en la conciencia; hoy, la percepción corriente entre obreros, campesinos y jóvenes es que el comunismo fue un experimento fallido, lo cual ha llevado al reforzamiento del populismo burgués. El populismo latinoamericano —representado hoy prominentemente por el PRD en México y Chávez en Venezuela, y en el pasado por Lázaro Cárdenas, entre otros— es una política burguesa que pretende borrar las distinciones de clase, diluyendo al proletariado en la masa del “pueblo”. El sobre para la presentación de esta política es el nacionalismo, que vende la mentira de que la clase obrera y los oprimidos tienen los mismos intereses que su enemigo de clase, la burguesía. Chávez y AMLO utilizan tanto la falsa retórica “antiimperialista” y democrática combinada con concesiones a los obreros, los pobres y los oprimidos, como la represión —desde la huelga de la UNAM de 1999-2000 hasta Lázaro Cárdenas y Atenco, PRD, PRI y PAN han sido socios en la represión capitalista—.
Advertimos contra cualquier ilusión en la burguesía, especialmente el populista PRD y AMLO, que están oponiendose a la privatización y tratando de reforzar sus falsas credenciales “antiimperialistas.” Los populistas burgueses, que defienden por completo el sistema capitalista, no son menos enemigos de la victoria del proletariado que los políticos más derechistas como los del PAN. AMLO basa su campaña en las extensas ilusiones de que la modernización de Pemex como empresa estatal conduce a la emancipación nacional o la salvaguarda y sería la base para satisfacer las necesidades de la población. Similarmente, existe la noción tan falsa como extendida de que Pemex pertenece al “pueblo” o a “la nación”. Todo esto es falso. Pemex pertenece a la burguesía, y los capitalistas mexicanos están divididos sobre cómo beneficiarse mejor de las enormes riquezas producidas por los actuales precios astronómicos del petróleo. Independientemente de lo que hagan con Pemex, de quién gobierne y bajo qué programa, el México capitalista seguirá siendo un productor de petróleo atrasado y subyugado por el imperialismo, sujeto a las crisis del mercado y las fluctuaciones enloquecidas de los precios del crudo. No se puede romper el yugo imperialista ni satisfacer las necesidades de la población bajo el capitalismo, menos cuando se basa principalmente en una industria extractiva en un país semicolonial.
En efecto, las burguesías de todos los países de desarrollo capitalista tardío son absolutamente incapaces de romper con el imperialismo. Como Lenin enseñó, el imperialismo no es una política coyuntural desechable, sino un sistema mundial de explotación y opresión dominado por los grandes monopolios financieros respaldados por sus respectivos estados-nación con sus ejércitos y flotas, que terminaron hace ya mucho de repartirse al mundo entero y mantienen bajo su yugo a los países atrasados. Así, México es un país de desarrollo desigual y combinado, donde las técnicas modernas de la producción cohabitan con el miserable atraso en el campo. La abrumadora mayoría de la industria en México es de capital imperialista, que ha creado un proletariado poderoso. Los marxistas basamos nuestra estrategia entera en el proletariado industrial moderno, que no tiene ningún interés como clase en mantener el sistema de explotación capitalista, avocado a la producción de ganancias. La clase obrera tiene el poder social y el interés de dirigir a todos los oprimidos en el derrocamiento del capitalismo mediante la revolución socialista, aboliendo la propiedad privada de los medios de producción y el régimen de la burguesía —la clase de los dueños de los medios de producción, que explotan el trabajo asalariado—.
La enorme dependencia de la economía mexicana en el petróleo —que constituye el 40 por ciento de los ingresos del gobierno— es una muestra pasmosa del carácter atrasado de su desarrollo capitalista. Es imposible alcanzar un desarrollo industrial comparable al de los países avanzados dentro del marco del capitalismo. En su obra La revolución permanente, León Trotsky explicó:
“Con respecto a los países de desarrollo burgués retrasado, y en particular de los coloniales y semicoloniales, la teoría de la revolución permanente significa que la resolución íntegra y efectiva de sus fines democráticos y de su emancipación nacional tan sólo puede concebirse por medio de la dictadura del proletariado, empuñando éste el Poder como caudillo de la nación oprimida y, ante todo, de sus masas campesinas.”
Al llegar al poder, el proletariado no puede detenerse en las tareas democráticas, sino que debe pasar inmediatamente a las tareas socialistas —la expropiación de la burguesía como clase, es decir, la colectivización, y la planificación económica—. Así, las sentidas aspiraciones democráticas de las masas, como la emancipación nacional, la democracia política y la revolución agraria, son una fuerza motriz para la revolución proletaria, pues sólo se pueden lograr mediante una economía colectivizada. ¡Por un gobierno obrero y campesino! Luchamos por construir el partido de vanguardia del proletariado que procura arrancarle a la burguesía nacional-populista la lealtad de las masas, combatiendo las ilusiones en la reforma democrática del estado burgués y encaminando sus luchas hacia la toma del poder por el proletariado.
La revolución proletaria debe extenderse internacionalmente, especialmente a la bestia imperialista estadounidense. La supervivencia de la revolución en México y su ulterior desarrollo hacia el socialismo es impensable, económica y militarmente, sin la ayuda del proletariado multirracial de EE.UU., y una revolución obrera en México daría un formidable impulso a la revolución al norte del Río Bravo, especialmente entre los obreros negros y los millones de obreros inmigrantes. El proletariado multirracial estadounidense debe hacer oír su poderosa voz en lucha de clases conjunta con sus hermanos mexicanos contra los designios de los gobernantes capitalistas. A diferencia del resto de la izquierda, los comunistas del Grupo Espartaquista de México, al lado de nuestros camaradas de la LCI entera, genuinamente luchamos por una economía socialista internacional mediante nuevas revoluciones de Octubre alrededor del mundo, para acabar con el imperialismo, el racismo y toda forma de opresión. Si estás de acuerdo con nuestra perspectiva, ¡únete a nuestra lucha por la emancipación del proletariado, base fundamental para la emancipación humana universal!
—29 de abril de 2008
http://www.icl-fi.org/espanol/leaflets/pemex.html
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2016.05.24 13:01 ShaunaDorothy Contra el "tortillazo" de Calderón y los consorcios maiceros: ¡Abajo el TLC! ¡Expropiar a los magnates del maíz! ¡Por movilizaciones obreras contra el hambre y la represión! (1 - 2) (Primavera de 2007)

https://archive.is/nUykZ
Espartaco No. 27 Primavera de 2007
Contra el "tortillazo" de Calderón y los consorcios maiceros:
¡Abajo el TLC! ¡Expropiar a los magnates del maíz!
¡Por movilizaciones obreras contra el hambre y la represión!
¡Ninguna ilusión en el PRD burgués! ¡Forjar un partido obrero! ¡Por la revolución socialista en toda América!
México es una sociedad extremadamente explosiva. Las divisiones entre la clase gobernante se encuentran hoy a flor de piel. El derechista PAN de Felipe Calderón pretende continuar y profundizar las medidas neoliberales y antiobreras del régimen foxista, especialmente mediante la privatización de la industria petrolera, principal fuente de ingresos del país. El PRD nacional-populista se preocupa tanto por el descontento masivo como por las pretensiones excesivas de los imperialistas. Estas divisiones se han hecho evidentes desde que Fox lanzó la campaña del desafuero de AMLO en 2004, hasta la polarización poselectoral en 2006, con manifestaciones de millones de personas protestando el fraude. Los mineros-metalúrgicos de Lázaro Cárdenas, Michoacán, llevaron a cabo la huelga obrera más poderosa y combativa en décadas. Los maestros en huelga y las masas oprimidas de Oaxaca ocupaban la capital de ese estado. Ante el temor de mayores estallidos sociales, los gobernantes panistas han impulsado la creciente militarización del país, amenazando en ocasiones incluso a sus propios oponentes burgueses en el PRD.
En anticipación a la huelga del Sindicato Mexicano de Electricistas, emplazada para el 16 de marzo y al final conjurada apenas poco más de una hora antes, el gobierno envió en la víspera al ejército a rodear diversas instalaciones de Luz y Fuerza del Centro, amenazando a la clase obrera en su conjunto. El nuevo presidente ordenó operativos masivos por parte del ejército y corporaciones policiacas en estados como Michoacán, Guerrero y Baja California para sembrar el terror entre la población, haciendo blanco especialmente de las zonas rurales con presencia de guerrillas y las concentraciones obreras de la frontera norte. En febrero Calderón les otorgó a las tropas un aumento salarial de más del 45 por ciento —una bofetada a las masas trabajadoras que obtuvieron menos de cuatro por ciento— para asegurar su lealtad.
La base económica del viejo régimen del PRI ha sido minada por la creciente subyugación económica a EE.UU., simbolizada e impulsada por el TLC, el tratado de rapiña imperialista contra México. La estructura sindical corporativista está en una severa crisis y las prestaciones que el corporativismo ofrecía a algunos sectores sindicalizados —como vivienda barata, subsidios alimenticios y estabilidad laboral— se han convertido en una cosa del pasado. Con el PRI, el PAN está impulsando “reformas” a la ley del ISSSTE que atacan el sistema de pensiones y equivalen a su privatización —similares a las aprobadas para la ley del IMSS en 2004—, y tiene los ojos puestos en la privatización de la industria petrolera.
El más reciente ataque panista contra los pobres —que fue respondido con manifestaciones masivas— ha sido el aumento de más de 40 por ciento a la tortilla, base fundamental de la dieta de la mayoría de los mexicanos. El camino fue preparado por más de una década del TLC y se aprovechó el aumento internacional en los precios del maíz; sin embargo, la causa inmediata de la actual crisis fue la especulación por parte de los magnates del maíz tanto nacionales, especialmente GRUMA/Maseca, como estadounidenses, por ejemplo Cargill y Archer-Daniel Midlands, en contubernio con el gobierno federal. Con casi la mitad de la población rural viviendo debajo del nivel de pobreza oficial y un 20 por ciento en plena indigencia, este aumento, junto con el aumento a otros productos básicos como la leche y el huevo, amenaza a la población con la hambruna. Las luchas convulsivas desde Lázaro Cárdenas, a Oaxaca y Atenco han encontrado un elemento unificador en esta crisis. Las políticas de Bush y sus lacayos mexicanos están uniendo en la lucha a los obreros, los campesinos y otros sectores de la población.
En un volante del 27 de enero (“¡Movilizar a la clase obrera contra el hambre y la represión!”) exigimos la expropiación de los magnates del maíz sin compensación como un llamado a la clase obrera a luchar contra la clase capitalista en su conjunto. Llamamos por “huelgas obreras que exijan subsidio a la tortilla para que todo mundo tenga acceso a ella” que, junto con el llamado por “la distribución de comida para todos bajo el control de los sindicatos”, aseguraría la distribución de alimentos entre los trabajadores y la población pobre. Llamamos también por la apertura de los libros contables y la desaparición del secreto comercial.
Comités de vigilancia de precios, compuestos por delegados de las fábricas, los sindicatos, las cooperativas, las organizaciones campesinas y los pobres de la ciudad, podrían ser el germen de unidades de autodefensa obrera contra la represión que viene a la par con la crisis. Luchamos por una escala móvil de salarios que asegure un aumento de salario en proporción al aumento de precios y por una escala móvil de horas de trabajo para dividir el trabajo disponible, así como por un extenso programa de obras públicas, para combatir el masivo y crónico desempleo en las ciudades.
Nuestras consignas —que subrayan el carácter irreconciliable entre el modo de producción capitalista y un sistema que sirva a los intereses de los trabajadores y oprimidos— tienen como fin movilizar al proletariado a la cabeza de todos los pobres, mostrándole cómo los trabajadores y los campesinos podrían administrar la economía sobre una base equitativa, buscando la satisfacción de las necesidades de la población. La realización de consignas de lucha como éstas serviría como una escuela de planificación económica en preparación para la toma del poder político por parte de la clase obrera a través de la revolución socialista.
Nuestro programa contra la crisis actual se centra en la clase obrera, la cual debido a su relación con los medios de producción es la única clase con el interés histórico y el poder social para barrer con este sistema de explotación económica para siempre. La burguesía es la dueña de los medios de producción y así expropia los frutos del trabajo del proletariado. La tarea fundamental para los revolucionarios mexicanos hoy día es luchar por la independencia política del proletariado: combatir las ilusiones en el PRD que impregnan a la clase obrera y oponerse a la intromisión del estado burgués en el movimiento obrero, luchando por el forjamiento de un partido obrero revolucionario.
La destrucción contrarrevolucionaria de la URSS y el “nuevo orden mundial”
Esta actual crisis de precios está condicionada a nivel internacional por la contrarrevolución capitalista en los estados obreros deformados de Europa Oriental empezando en 1989 y en la Unión Soviética en 1991-92. La burocracia estalinista usurpó el poder político de la clase obrera en 1924; sin embargo, la destrucción de este estado obrero degenerado representó una derrota histórico-mundial para el proletariado internacional, ocasionando un retroceso general de la conciencia de la clase obrera y abriendo un nuevo periodo de redivisión de los mercados mundiales entre las potencias económicas a nivel global. El imperialismo, la fase superior del capitalismo, es el sistema económico en el que los mercados nacionales se han rebasado y las potencias imperialistas compiten por el control de los mercados internacionales, llevando así a guerras. Sin el contrapeso militar, ideológico y económico del primer y más grande estado obrero del mundo, el imperialismo estadounidense ha emergido como la única superpotencia, lo que significa guerras de ocupación semicolonial, como en Afganistán e Irak, y mayor subyugación de los países capitalistas subdesarrollados. En México, el colapso de la Unión Soviética tuvo como resultado la apertura indiscriminada de la economía interna al capital financiero monopólico imperialista, especialmente a través del TLC y privatizaciones masivas.
De manera única entre la izquierda, los espartaquistas luchamos por la defensa militar incondicional de la Unión Soviética, la RDA (el estado obrero deformado de Alemania Oriental), y los demás estados obreros, en contra de la contrarrevolución capitalista y luchamos por una revolución política proletaria que barriera con las burocracias estalinistas en el poder e instaurara la genuina democracia obrera de soviets y consejos de fábrica. Hoy hacemos lo mismo respecto a los estados obreros deformados restantes en el mundo: China, Cuba, Corea del Norte y Vietnam.
¡Romper con el PRD, partido del capital!
El PRD representa el ala de la burguesía que busca desactivar el descontento de los obreros y los oprimidos mediante concesiones, para así perpetuar el sistema de explotación capitalista. Las diferencias entre el PRD y el PAN se reducen a la manera de administrar el capitalismo —con la zanahoria o con el garrote—. Sin embargo, grandes masas de obreros, campesinos y jóvenes ven en el populismo burgués de AMLO y su PRD una alternativa viable a las políticas clericales y neoliberales del PAN. El PRD, surgido del PRI (como AMLO mismo), es un partido del capital, inherentemente antiobrero. El populismo nacionalista no es anticapitalista; en realidad refuerza el capitalismo al fortalecer los lazos de la clase obrera con su “propia” burguesía nacional.
Como sus oponentes burgueses, el PRD no duda en desatar la fuerza estatal contra las luchas de los obreros y los oprimidos, como en el ataque criminal a los huelguistas de Lázaro Cárdenas en abril de 2006 o en los ataques policiacos contra estudiantes que participaban en la huelga de la UNAM en 1999-2000, así como en la reciente ocupación brutal del barrio de Tepito por parte de la policía capitalina y el desalojo de decenas de familias.
Muchos obreros ven en AMLO una especie de reencarnación del general Lázaro Cárdenas del Río, quien a través de reformas democráticas y concesiones, logró ganar el apoyo de obreros y campesinos. El objetivo fundamental de Cárdenas era modernizar el país para beneficio de la burguesía nacional, y nunca poner en cuestión su dominio. Para ello requirió el apoyo de la clase obrera contra las fracciones burguesas opuestas a las reformas y contra las pretensiones excesivas de los imperialistas. Una vez logrado su objetivo, él mismo desató la fuerza represiva del estado contra los huelguistas de la refinería de Azcapotzalco en 1940, por ejemplo. El resultado de la confianza de la clase obrera en Cárdenas fue la atadura de los sindicatos al estado mediante la camisa de fuerza corporativista y siete décadas de priato brutal. Trotsky explicó en 1940, en el contexto del México de Lázaro Cárdenas:
“Como el capital extranjero no importa obreros sino que proletariza a la población nativa, el proletariado nacional comienza muy rápidamente a jugar el rol más importante en la vida nacional. Bajo tales condiciones, en la medida en que el gobierno nacional intenta ofrecer alguna resistencia al capital extranjero, se ve obligado en mayor o menor grado a apoyarse en el proletariado. En cambio, los gobiernos de países atrasados que consideran inevitable o más provechoso marchar mano a mano con el capital extranjero destruyen las organizaciones obreras e implantan un régimen más o menos totalitario.”
—“Los sindicatos en la era de la decadencia imperialista”
Aunque bajo circunstancias históricas distintas (fundamentalmente condicionadas por la destrucción contrarrevolucionaria de la URSS), Cárdenas y AMLO encarnan fenómenos análogos: caudillos bonapartistas burgueses comprometidos con el desarrollo del capitalismo nacional y con impedir el desarrollo de un movimiento obrero independiente.
Muchos jóvenes se identifican con el venezolano Hugo Chávez y su “Revolución Bolivariana” y con el boliviano Evo Morales. Las nacionalizaciones en Venezuela y Bolivia —medidas de autodefensa nacional que los marxistas defendemos— no liberan a esas industrias de la dominación capitalista y lo que ocurre en estos países, a fin de cuentas, se decide en el ámbito internacional. Los capitalistas venezolanos están quitando su dinero del país y, en algunos casos, están acaparando sus productos, causando una inflación enorme y escasez de comida en los negocios. Los imperialistas sabotean y sacan sus inversiones. Esto muestra que es imposible resolver los problemas en el marco de un país.
Las reformas y las nacionalizaciones de ciertas ramas de la industria por parte de un estado burgués —que son reversibles bajo la presión del imperialismo— no llevan al socialismo. Hay que parar el ciclo repetitivo de demagogia nacionalista burguesa y títeres neoliberales. La tarea de sacar a América Latina del atraso y la subyugación al imperialismo corresponde al proletariado de la región. Es clave forjar un partido obrero revolucionario e internacional, que pueda vincular las luchas de las masas pobres a la poderosa clase obrera que existe en el continente americano.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/27/tortiallazo.html
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2016.05.21 18:59 ShaunaDorothy ¡Abajo la rapiña imperialista! ¡Por movilizaciones obreras contra el TLC, el ALCA y las privatizaciones! ¡Ninguna confianza en el PRD burgués! (1 - 2) (2003)

https://archive.is/DCQwx
Abajo la rapiña imperialista!
¡Por movilizaciones obreras contra el TLC, el ALCA y las privatizaciones!
¡Ninguna confianza en el PRD burgués!
Reproducido de Espartaco No. 20, primavera-verano de 2003.
El pasado 31 de enero, más de 100 mil manifestantes llenaron el enorme Zócalo de la Ciudad de México para protestar contra la brutalidad del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLC). Esto fue porque el pasado primero de enero entraron en vigor las cláusulas del TLC que abren a la rapiña del "libre comercio" a todos los productos fundamentales de la economía agropecuaria excepto el maíz, el frijol y la leche. Al mismo tiempo, el gobierno de Vicente Fox está en medio de una campaña inhumana por retirar todos los subsidios al campo (hoy, ¡el subsidio gubernamental al campo en México es una décima parte del subsidio en EE.UU.!). Los manifestantes eran en su gran mayoría campesinos, pero también confluyeron miles de obreros organizados en contingentes sindicales, tanto del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) como de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT), y grandes cantidades de estudiantes y ciudadanos individuales que se solidarizaron con las demandas campesinas. Días después, el 5 de febrero 19 manifestantes fueron violentamente golpeados y arrestados por los granaderos por colocar en el Ángel de la Independencia una manta en oposición al ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas). Mientras tanto, la prensa nacional e internacional de todos los colores da cuenta todos los días de la desesperada situación que enfrenta el campo mexicano. El nombre de una de las organizaciones campesinas que ha surgido en los últimos meses deja bien clara la situación: "¡El campo no aguanta más!"
El inicio del TLC el primero de enero de 1994 estuvo marcado por el levantamiento del EZLN en Chiapas, con su denuncia del "libre comercio" como un "acta de defunción de las etnias indígenas en México, que son prescindibles para el gobierno". Siendo un país con aproximadamente cinco millones de campesinos pobres y sin tierra —en gran parte indígenas horriblemente oprimidos—, apenas unas 4 mil personas poseen el 56 por ciento de la tierra cultivable. Sin financiamiento suficiente, con técnicas de producción obsoletas, e incluso ancestrales, incapaces de competir en el mercado capitalista, la mayor parte de los agricultores produce fundamentalmente para el autoconsumo, y el ingreso mensual promedio del campesino es de menos de 500 pesos. En estas condiciones, millones de campesinos son forzados a abandonar su tierra y emigrar a la ciudad, donde enfrentan un destino de mendicidad, ambulantaje y prostitución. Sólo a la Ciudad de México, arriban 600 campesinos cada día.
Durante casi toda la década pasada, las maquiladoras sirvieron como pequeña válvula de escape para la explosividad del campo, atrayendo a la población rural que emigraba a los centros industriales en busca de un ingreso regular —aunque fuera raquítico—. Tan sólo de 1997 a 2001, el número de obreros maquiladores creció de unos 800 mil a un millón 240 mil. Pero incluso antes de la actual recesión económica, la industria podía emplear sólo a una ínfima parte de la población rural que era echada de sus tierras. Ahora se ha cerrado esa válvula, con despidos masivos y cierres de plantas a través del país y en proporciones aún mayores en la franja fronteriza. Tan sólo en 2001, según la Universidad Obrera, hubo en el país 810 mil despidos, de los cuales 310 mil se dieron en las maquiladoras. Estos despidos han afectado sobre todo a la mujer obrera, que constituye la mayoría de la fuerza de trabajo en las maquiladoras.
La firma del TLC se dio como parte de la ofensiva capitalista a escala mundial detonada por la destrucción contrarrevolucionaria de la URSS en 1991-92, una gigantesca derrota para los trabajadores que dio forma al mundo en el que todavía hoy vivimos. Es un mundo en el que el arrogante imperialismo estadounidense se ve a sí mismo como omnipotente y recorre el planeta misiles en mano confiado en que no va a encontrar ninguna oposición real. En ausencia del poderoso "enemigo común" que los imperialistas de EE.UU., Europa Occidental y Japón veían en la Unión Soviética, las rivalidades económicas entre ellos han pasado a primer plano.
Es como parte de esta competencia furiosa que el imperialismo estadounidense necesita cercar económicamente su "patio trasero" (es decir el México capitalista) para dejar afuera a sus rivales y quedar acreditado como la única potencia imperialista que puede saquear este territorio a voluntad. Para un país atrasado como México, la apertura comercial frente a un país imperialista como EE.UU., con su industria agrícola altamente avanzada y productiva, sólo puede significar una condena a muerte por hambre de miles de campesinos y una profundización aún mayor de la subyugación política y la rapiña económica. Así mismo, la "libre competencia" con EE.UU. exige al capitalismo mexicano un recrudecimiento en su campaña por la "competitividad", que es el eufemismo que usan los portavoces del capital para referirse a su guerra permanente contra los sindicatos y las conquistas obreras. Y es que son precisamente la mano de obra barata y la brutalidad de las condiciones de trabajo permitidas en el México burgués lo que atrae a los voraces capitalistas de EE.UU., España y otros países en busca de ganancias.
Al mismo tiempo, la burguesía mexicana busca desesperadamente complacer a sus amos imperialistas vendiendo la industria nacionalizada a la iniciativa privada. A excepción de la energía eléctrica y el petróleo, prácticamente toda la industria estatal ha desaparecido —Altos Hornos, Concarril, la Fábrica Nacional de Máquinas-Herramientas, etc.—. Todavía está fresca la experiencia de Ferrocarriles Nacionales, que después de la privatización despidió a cuatro quintas partes de sus trabajadores. Más aún, la espantosa crisis de Argentina, un país donde las industrias clave habían sido privatizadas, muestra claramente a dónde lleva el camino que ordena el FMI —¡más del 60 por ciento de la población vive por debajo del nivel oficial de pobreza!—. Como decía un evocativo cartel publicado por el SME: "si privatizar es la cura, ¿por qué Argentina agoniza?"
Los marxistas defendemos a la industria nacionalizada contra la actual embestida privatizadora, que es un intento por elevar la tasa de explotación de los obreros y las ganancias de los capitalistas, especialmente con el pillaje por los imperialistas a través del TLC. Las nacionalizaciones del petróleo y la industria eléctrica fueron un golpe al imperialismo, y estamos por el derecho de los países coloniales y semicoloniales a explotar sus propios recursos naturales. Como explicó Trotsky en "México y el imperialismo británico" (1938) refiriéndose a la expropiación petrolera: "la expropiación es el único medio efectivo para salvaguardar la independencia nacional y las condiciones elementales de la democracia". A fin de cuentas, la única forma de obtener la emancipación frente al imperialismo consiste en la expropiación de toda la burguesía y la construcción de una economía planificada mediante la revolución socialista.
Como tendencia internacional, los espartaquistas nos hemos opuesto desde el principio al TLC, del mismo modo como hoy nos oponemos a su intensificación y a su extensión al resto de América Latina bajo la forma del ALCA. No basta "renegociar" tal o cual cláusula, ¡hay que echarlo abajo! Cuando el tratado empezó a negociarse entre los gobiernos de Carlos Salinas y Bush padre en 1991, las secciones de México, Estados Unidos y Canadá de la Liga Comunista Internacional (LCI) emitimos una declaración internacionalista de oposición al tratado (ver "Alto al TLC, rapiña a México por el imperialismo EE.UU.", Espartaco No. 2). Tomando como punto de partida el interés indivisible del proletariado mundial, la declaración trinacional explica:
"Lejos de ‘liberar’ el comercio a escala internacional, el tratado tiene como meta el establecimiento de un coto de caza privado para la burguesía imperialista estadounidense, sus socios menores canadienses y sus lacayos en la clase dominante mexicana. Ya desde los tiempos de la Primera Guerra Mundial, Lenin señalaba que los estrechos límites del estado-nación capitalista se habían convertido en una traba para el desarrollo de las fuerzas productivas, dando origen a una lucha por una nueva repartición del mundo. Los diversos ‘mercados comunes’ de ningún modo superan esto, sino que intensifican las rivalidades interimperialistas. Nosotros los trotskistas, los comunistas, luchamos por la integración económica del mundo sobre bases socialistas. Pero el TLC es un paso reaccionario hacia la guerra comercial mundial (y de ahí a una guerra armada). El pacto comercial con México es la respuesta del imperialismo estadounidense al IV Reich y a Japón, S.A."
Para luchar contra las privatizaciones y el TLC es necesario movilizar el poder social de la clase obrera: ¡Por movilizaciones obreras para detener el TLC y el ALCA!
¡Por la revolución obrera! ¡Por una federación socialista de las Américas!
La historia del capitalismo latinoamericano ha sido una de constantes oscilaciones entre el proteccionismo populista y la retórica nacionalista, por un lado, y la apertura comercial del "libre mercado" por el otro. Alternativamente, la burguesía de estos países recurre al populismo, temerosa del descontento de las masas, y protege su industria con barreras arancelarias y subsidios. Entonces, bajo la presión política del imperialismo y por su propia ineficacia interna, este modelo fracasa y la burguesía recurre nuevamente al liberalismo del "libre mercado", entregando la economía a los imperialistas, que en pocos años fracasa también al destruir al mercado interno y condenar a las masas a un empobrecimiento aún mayor, y el ciclo vuelve a comenzar. El ascenso de gobernantes burgueses con retórica populista como Chávez en Venezuela y el socialdemócrata Lula en Brasil apunta hacia esto último. Las únicas constantes en esta inhumana rueda de la fortuna son la subyugación frente al imperialismo y la miseria humana de millones de campesinos y trabajadores.
México es un país capitalista atrasado, política y económicamente dependiente de los imperialistas estadounidenses. Ha habido a lo largo de las últimas décadas una inversión masiva de capital imperialista. Esto se ha traducido en un desarrollo desigual y combinado; las condiciones de subyugación ancestrales del campo coexisten con una infraestructura industrial moderna y correspondientemente, con un proletariado urbano joven, poderoso y dinámico. La mayor parte de esas industrias modernas que se han levantado en suelo mexicano no le pertenecen a una burguesía nacional desarrollada correspondientemente, sino al imperialismo extranjero (estadounidense en su mayor parte). Por eso, la burguesía nacional de países como México tiene el control del poder estatal, pero es socialmente débil y está condenada a vivir dependiendo de sus patrones imperialistas, enfrentando al mismo tiempo a un proletariado moderno y poderoso y a una masa de campesinos descontentos en su propio territorio.
A diferencia del viejo campesinado, la clase obrera moderna se encuentra en una relación directa con los medios de producción (y generación de ganancia) más dinámicos y productivos de la sociedad: tiene, pues, el poder social necesario para emprender victoriosamente la lucha por la emancipación de todos los explotados y oprimidos. Así, es este proletariado industrial moderno, resultado de la inversión y de la sed de ganancias del capitalismo, el que puede convertirse en su sepulturero. En última instancia, la burguesía nacional teme mucho más a la movilización de "sus propias" masas, que a sus amos estadounidenses.
Pero si la subordinación de los panistas a los dictados de Estados Unidos es franca y bien conocida, existen otras fuerzas capitalistas de ideología nacionalista que se presentan como una alternativa a esta subyugación descarada y proponen en cambio una subyugación más "digna". Este es el caso del PRD, fundado por viejos dirigentes priístas como Cuauhtémoc Cárdenas en oposición al giro "neoliberal" del PRI en la década de 1980.
Hoy, los funcionarios perredistas conceden medidas mínimas de bienestar social en las entidades que gobiernan (como los subsidios a los adultos mayores de López Obrador en el DF), que en contraste con las medidas descaradamente antipopulares de los panistas (como el incremento del IVA), los hacen parecer amigos de las masas. Este partido nacionalista ha sido desde su origen un polo de atracción para toda la "izquierda" reformista, que sueña con una solución nacionalista burguesa a las reivindicaciones democráticas más candentes. Pero el PRD no es más que un partido burgués comprometido a la perpetuación de la dominación capitalista. Por eso mismo tampoco puede poner en duda la subordinación de México al imperialismo estadounidense.
Esto se ha reflejado explícitamente en la posición del PRD respecto al TLCAN, al que este partido no se opone, limitándose a pedir que su capítulo agrario se renegocie en términos menos desfavorables. Cuando el tratado se firmó en 1991, Cuauhtémoc Cárdenas habló de un fantasioso "tratado alternativo" de libre comercio con el imperialismo que incluyera un "estatuto social" y "normas comunes sobre derechos laborales, sociales y medioambientales" (Canadian Tribune, 21 de enero de 1991). Cárdenas ofrece sus políticas populistas burguesas como una forma más factible de crear una "convergencia de intereses nacionales" con los imperialistas yanquis, ya que "únicamente un gobierno mexicano con...credenciales nacionalistas impecables" puede hacer que la clase obrera acepte "compartir" las consecuencias (Foreign Policy, primavera de 1990). Esta política no es el resultado de una traición encubierta ni de la corrupción de tal o cual dirigente, sino que es la consecuencia lógica e ineludible de su carácter de clase. Pese a que ocasionalmente el PRD utiliza la movilización popular para situarse mejor en su competencia con sus rivales burgueses, este partido ha mostrado sobradamente que está perfectamente dispuesto a reprimir todo intento de los oprimidos de rebelarse contra las injusticias inherentes al capitalismo. Así, el gobierno perredista de la Ciudad de México reprimió sistemáticamente las manifestaciones de la huelga estudiantil de 1999-2000 en defensa de la educación gratuita, trató repetidamente de descarrilarla por medios políticos, y finalmente apoyó el reaccionario "referéndum" que las autoridades universitarias usaron para "justificar" la brutal represión del 6 de febrero, además de mandar a sus propios granaderos en apoyo a la Policía Federal Preventiva para romper la huelga. Fue este gobierno quien ordenó el sangriento desalojo de los residentes de Xochimilco el otoño pasado. Hoy, el gobierno del DF ha llegado al extremo de solicitar la asesoría del cerdo racista Rudolph Giuliani, que como alcalde de Nueva York se hizo famoso por sus medidas policiacas de estado de sitio, incluyendo el famoso caso de Amadou Diallo, un inmigrante africano inocente y desarmado, que murió acribillado con 41 tiros a manos de la policía de Giuliani —¡esto es lo que significa su famosa "tolerancia cero"!—.
Pero si bien a fuerza de macanazos muchos jóvenes activistas han ido perdiendo sus ilusiones en que el PRD burgués pueda actuar directamente como un defensor genuino de los intereses de los oprimidos, en ausencia de un movimiento obrero combativo y prominente, muchos siguen viendo con esperanza a las organizaciones campesinas como el EZLN o los ejidatarios de Atenco para que actúen como un centro del movimiento de resistencia popular. Para ellos, el proletariado no es más que otro sector oprimido, o en todo caso un aliado potencialmente útil. La ausencia de un movimiento obrero combativo que atraiga a los miles de jóvenes que hoy buscan la dirección de los zapatistas subraya el papel reaccionario de las actuales direcciones procapitalistas del movimiento sindical.
En realidad, el campesinado por sí solo no tiene ni el poder social ni el interés objetivo para convertirse en la vanguardia de la emancipación general. Por eso está destinado a seguir políticamente a una de las dos clases fundamentales de la sociedad urbana moderna: el proletariado o la burguesía. En el contexto de una lucha frontal entre la clase obrera y la burguesía, los campesinos pobres pueden ser un aliado importante del proletariado, pero como lo mostró la experiencia de la revolución mexicana de 1910, en ausencia de un proletariado movilizado independientemente, el movimiento campesino está condenado a regresar a la órbita de la política burguesa (ver "Un análisis marxista de la Revolución Mexicana de 1910", Espartaco No. 12). Un ejemplo contemporáneo de esto es la guerrilla del EZLN que a lo largo de su historia, en cada disyuntiva política de relevancia nacional (como las elecciones), ha seguido sistemáticamente la dirección política del PRD. A pesar de sus recientes y justificadas denuncias al PRD por haber votado a favor de la infame "ley [anti]indígena" en el Senado, la estrategia fundamental del EZLN es presionar al gobierno burgués en turno. El EZLN no cuestiona al capitalismo —la raíz de la miseria en la ciudad y en el campo— sino que plantea reformarlo mediante la presión de las masas. Los comunistas llamamos a defender al EZLN y las demás guerrillas izquierdistas del terror estatal burgués, pero también combatimos toda ilusión en que puedan constituir una dirección independiente del movimiento social contra la burguesía.
Una de las bases fundamentales de la economía agrícola de autoconsumo es el ejido. En su cruzada por abrir completamente el campo mexicano a la rapiña imperialista, el gobierno de Salinas aprobó en 1991 la reforma al artículo 27 constitucional que permite a los terratenientes privados comprar, arrendar o enajenar la propiedad ejidal, supuestamente para hacer la tierra más competitiva. Pero la mayor parte de las tierras ejidales son infértiles: laderas rocosas o valles semidesérticos como las "Tierras flacas" descritas en la famosa novela de Agustín Yáñez. La pérdida de estos ejidos priva a sus propietarios de su delgada base de subsistencia, y los condena a una vida de extrema miseria en las ciudades, ya que el dinero que podrían obtener a cambio de sus ejidos apenas alcanza para mantener a una familia por uno o dos meses.
Los comunistas nos oponemos al despojo forzoso de tierras de los campesinos pobres y nos solidarizamos con sus luchas contra los terratenientes y el gobierno, como hicimos cuando el gobierno de Fox pretendía expropiar las tierras ejidales de San Salvador Atenco para construir un aeropuerto. Sin embargo, entendemos que la conservación de las actuales condiciones de la propiedad ejidal no es ninguna panacea. Como escribimos en un volante de julio pasado:
"A diferencia de muchos intelectuales pequeñoburgueses y seudoizquierdistas, nosotros no romantizamos las actuales condiciones de pobreza, aislamiento y atraso del campo mexicano. Queremos que los avances de la tecnología —como educación, tractores, irrigación, comunicaciones, etc.— estén al alcance de la población rural elevando su nivel de comodidad, productividad y cultura. Es imposible llevar esto a cabo dentro del marco del capitalismo: un sistema basado en la producción de ganancias para un puñado de patrones y la miseria de la inmensa mayoría."
—reimpreso en "Atenco: campesinos detienen la expropiación de Fox", Espartaco No. 19, otoño de 2002.
http://www.icl-fi.org/espanol/oldsite/privatizacion.htm
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2014.11.25 01:12 iniguitu Traducción del artículo de Wolfgang Münchau en el Financial Times que elogia las propuestas de PODEMOS para reestructurar la deuda

LA IZQUIERDA RADICAL TIENE RAZÓN SOBRE LA DEUDA EN EUROPA
Para la eurozona no tiene lógica caer en un largo proceso de estancamiento y no reestructurar
Asumamos que el lector comparte el punto de vista global de consenso sobre lo que debería hacer la eurozona ahora mismo. Es decir, le gustaría ver un escenario de mayor inversión pública y una reestructuración de la deuda.
Ahora pregúntese lo siguiente: Si fuera un ciudadano de la eurozona ¿a qué partido apoyaría para que eso sucediera? Le sorprendería ver que no hay mucho donde elegir. En Alemania el único que se acerca es Die Linke, los antiguos comunistas. En Grecia es Syriza y en España es PODEMOS, que salió de la nada y lidera ahora las encuestas de opinión.
Tal vez no se considere usted un partidario de la izquierda radical, pero si viviera en la eurozona y apoyara esas propuestas, sería su única opción.
¿Qué hay del centro-izquierda europeo, los socialdemócratas y socialistas? ¿no apoyan esa política? Tal vez lo hacen cuando están en la oposición pero una vez en el gobierno sienten la necesidad de hacerse respetables y en ese momento descubren que llevan en el ADN la "Economía de la oferta"*. Recuérdese que François Hollande, presidente de Francia, explicó que el giro de su política económica se debía a que la oferta genera demanda.
De los partidos radicales que han surgido últimamente, al que hay que observar con mayor atención es a PODEMOS. Todavía es joven, con un programa en construcción. Por lo que he leído hasta ahora podría ser, de todos los de la eurozona, el que más se acerque a abordar de una forma consistente una gestión post crisis.
En una entrevista reciente Nacho Álvarez, una persona relevante del equipo económico del partido, planteó su programa con una claridad refrescante. Este profesor de economía de 37 años dice que la carga de la deuda, tanto privada como pública, es insostenible y debe ser reducida. Esto podría incluir una cierta renegociación de los tipos de interés, periodos de carencia, reestructuración de los plazos y quitas. También plantea que el objetivo de PODEMOS no es salir de la eurozona pero que, en la misma medida, el partido no cree en una permanencia a toda costa. El objetivo es el bienestar económico del país. Desde fuera parece una posición equilibrada. Sin embargo en España no se ve así. El establishment teme que esta propuesta convierta a España en una versión europea de Venezuela. Pero no hay nada que objetar a la afirmación que dice que si una deuda es impagable hace falta reestructurarla. O que si el euro va a acarrear décadas de sufrimiento sería perfectamente legítimo cuestionarse las instituciones de la eurozona y sus políticas.
La posición de PODEMOS reconoce lo que está más que constatado en la eurozona a finales de 2014: entrar en un estancamiento prolongado y no reestructurar la deuda carece de toda lógica para la moneda única. Y, debido a que nada se está haciendo para evitar lo primero la probabilidad de que suceda lo segundo se aproxima al 100%.
Sin embargo, por el momente los gobiernos europeos siguen jugando al juego de “dejar pasar el tiempo a ver si la cosa se resuelve sola”. En Grecia se puede ver a dónde lleva una estrategia tan corta de miras. Tras seis años de depresión económica el gobierno se encuentra frente a una crisis política aguda. Syriza va por delante en las encuestas y es altamente presumible que asuma el poder en las próximas elecciones generales que se celebrarán probablemente en 2015.
Ése no es de momento el caso de España. PODEMOS puede privar a los dos grandes partidos – el Partido Popular del Presidente Mariano Rajoy y el Partido Socialista en la oposición – de la mayoría absoluta en las elecciones del año próximo. Podría forzar a los dos a formar una gran coalición al estilo alemán – lo que dejaría al nuevo partido a la cabeza de la oposición.
La situación en Italia es diferente pero no menos seria. Si el primer ministro Matteo Renzi no consigue generar una recuperación económica en los tres años que le quedan de mandato el movimiento opositor Cinco Estrellas estaría a un paso de formar el próximo gobierno. Al contrario que PODEMOS, éste es un partido auténticamente radical que aboga por la salida del euro, lo mismo que el Frente Nacional de Francia y Alternativa Alemana para Alemania.
Lo que PODEMOS aún no ha hecho es ofrecer una visión coherente de cómo serían las cosas tras la reestructuración de la deuda. Sería buena idea que el partido se organizara a nivel de la eurozona más allá de su alianza con Syriza en el Parlamento Europeo, porque ahí es donde se toman las decisiones políticas de relieve. Una resolución de la deuda para España, a pesar de lo necesaria que es, sólo puede empezar a partir de un más amplio giro político.
La tragedia de la eurozona hoy en día es la sensación de resignación con la que los partidos del sistema, tanto de centro-izquierda como de centro-derecha, están permitiendo que Europa caiga en una deriva equivalente a un invierno nuclear. Es particularmente trágico que los partidos de la izquierda radical sean los únicos que propongan políticas sensatas como la reestructuración de la deuda. El ascenso de PODEMOS muestra que se demanda una nueva política. A menos que los partidos establecidos cambien de posición van a dejar un gran espacio para los partidos de corte similar a PODEMOS o Syriza.
*Economía de la oferta - Escuela económica basada en la bajada de recaudación fiscal y crítica con el estado del bienestar
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2014.11.24 08:55 JBMontero Artículo de opinión del "Financial Times": Podemos tiene razón sobre la deuda

Os quiero dejar aquí un artículo de opinión del "Financial Times" que he encontrado comentado en Plaza Podemos, a ver qué opináis:
Izquierda Radical tiene razón sobre la deuda de Europa
Supongamos que usted comparte la opinión de consenso global sobre lo que la eurozona debe hacer ahora mismo. Específicamente, usted quiere ver más inversiones del sector público y la reestructuración de la deuda.
Ahora hágase la siguiente pregunta: ¿si usted fuera un ciudadano de un país de la eurozona, que partido político apoyaría usted para que eso suceda? Es posible que se sorprenda al ver que no hay mucho donde elegir. En Alemania, el único que se acerca a un programa semejante, Die Linke, los antiguos comunistas. En Grecia, sería Syriza; y en España, sería Podemos, que salió de la nada y ahora lidera en las encuestas de opinión. Es posible que no se considera un defensor de la izquierda radical. Pero si usted vive en la zona euro y apoyado esas políticas, que sería su única opción.
¿Qué pasa con los partidos de centro-izquierda de Europa, los socialdemócratas y los socialistas? ¿Es que no son compatibles con esta agenda? Pueden hacerlo cuando están en la oposición. Pero una vez en el gobierno que sienten la necesidad de ser respetable, momento en que descubren sus genes a la oferta.
Recuerde que, François Hollande, presidente de Francia, explicó el cambio en la política de su gobierno diciendo que la oferta crea la demanda.
De los partidos radicales que han surgido recientemente, la que hay que ver es Podemos. Es todavía joven, con una agenda en la fabricación. Por lo que he leído hasta ahora, puede ser el que viene el más cercano de todos los de la zona euro para ofrecer un enfoque coherente de la gestión económica posterior a la crisis.
En una reciente entrevista, Nacho Alvarez, un alto miembro del equipo económico del partido, expuso su programa con una claridad refrescante. El profesor de economía de 37 años de edad, dice que la carga de la deuda española, tanto pública como privada, es insostenible y debe ser reducido. Eso podría incluir alguna combinación de una renegociación de las tasas de interés, períodos de gracia, reprogramación de la deuda y un corte de pelo. También dijo que el objetivo de Podemos 'no era salir de la zona euro -, pero que igualmente el partido no insistiría en la pertenencia a toda costa. El objetivo es el bienestar económico del país.
Para un extraño, que parece una posición equilibrada. No es así en España. El establecimiento teme que esta agenda convertir al país en una versión europea de Venezuela. Pero no hay nada controversial sobre la afirmación de que si la deuda es insostenible que necesita ser reestructurado. O que si el euro se trae décadas de sufrimiento, sería perfectamente legítimo cuestionar las instituciones y políticas de la zona euro.
La posición de Podemos reconoce una verdad simple sobre la zona euro a finales de 2014. Es lógicamente inconsistente de la moneda única para entrar en un estancamiento secular y no reestructurar su deuda. Puesto que no se hace nada para evitar el primero, existe una probabilidad cercana al 100 por ciento de este último acontecimiento.
Sin embargo, por el momento, los gobiernos europeos siguen jugando el juego "extender y fingir". Cuando una estrategia miope conduce a puede verse en Grecia. Después de seis años de depresión económica, el gobierno se encuentra en una crisis política aguda. Syriza es líder en las encuestas, y tiene una buena oportunidad de asumir el poder en las próximas elecciones generales, posiblemente en 2015.
España todavía no está en esa coyuntura. Podemos podrían privar a los partidos más grandes - el Partido Popular del primer ministro Mariano Rajoy y el Partido Socialista de la oposición - de la mayoría absoluta en las elecciones del próximo año. Se podría obligar a los dos en una gran coalición al estilo alemán - que establecería el nuevo partido como la principal oposición.
La situación en Italia es diferente, pero no menos grave. Si el primer ministro Matteo Renzi no logra generar una recuperación económica en sus restantes tres años de gobierno, el opositor Movimiento Cinco Estrellas estaría en la pole position para formar el próximo gobierno. A diferencia de Podemos, este es un partido verdaderamente radical, un firme defensor de la salida del euro. También lo son el Frente Nacional en Francia y de Alemania Alternativa für Deutschland.
¿Qué Podemos todavía tiene que hacer es ofrecer una visión coherente de la vida después de una reestructuración de la deuda. Sería una buena idea si el partido se organizó a nivel de la zona euro más allá de su alianza con Syriza en el Parlamento Europeo, ya que es donde se toman las decisiones de política pertinentes. Una resolución de la deuda de España, es necesario que sea, sólo puede ser el inicio de un cambio de política más amplia.
La tragedia de la zona euro de hoy es el sentimiento de resignación con la que los partidos del sistema de centro-izquierda y centro-derecha están permitiendo a Europa a la deriva en el equivalente económico de un invierno nuclear. Es una tragedia particular, que los partidos de la extrema izquierda son los únicos que apoyan las políticas sensatas, como la reestructuración de la deuda. El aumento de Podemos muestra que hay una demanda para la política alternativa. A menos que las partes establecidas cambian su posición, dejarán una gran apertura a los gustos de Podemos y Syriza.
http://www.ft.com/intl/cms/s/0/48e6fa76-70bd-11e4-8113-00144feabdc0.html#axzz3JvYKte4R
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